
Ucrania atacó con drones tres refinerías de Rusia entre el 30 de octubre y el 1 de noviembre, en las regiones de Samara, Bashkortostán y Nizhni Nóvgorod, con el objetivo de debilitar la infraestructura energética de Moscú.
Según información difundida por RBC-Ukraine y UNITED24 Media, las instalaciones tienen una capacidad conjunta de procesamiento cercana a 33 millones de toneladas de petróleo anuales.
Los objetivos fueron las plantas Novokúibyshevsk, Bashneft-Novoil y NORSI, identificadas por el grupo de seguimiento Dnipro Osint. Se reportaron explosiones e incendios, aunque todavía no existen evaluaciones independientes que permitan determinar las pérdidas de producción ni el alcance definitivo de los daños.
Tres refinerías rusas atacadas en días consecutivos
La primera operación ocurrió el 30 de octubre en Novokúibyshevsk, región de Samara. Esta instalación, administrada por Rosneft, tiene capacidad para transformar 8,8 millones de toneladas de crudo al año. Imágenes difundidas en redes sociales mostraron columnas de humo y llamas en las inmediaciones del complejo, donde también se fabrican combustibles utilizados por la aviación.
El 31 de octubre, las explosiones alcanzaron un área industrial de Ufá, capital de Bashkortostán. Allí se encuentra Bashneft-Novoil, cuya capacidad de procesamiento ronda los siete millones de toneladas anuales.
Fuentes ucranianas identificaron la planta como uno de los objetivos, pero las autoridades rusas no precisaron inicialmente qué instalaciones resultaron afectadas ni si fue necesario detener operaciones.
La tercera ofensiva se registró el 1 de noviembre en Kstovo, provincia de Nizhni Nóvgorod. En esa localidad funciona NORSI, perteneciente a Lukoil y considerada una de las mayores instalaciones de refinación del país.
Su capacidad alcanza los 17 millones de toneladas anuales. Tras el ataque se produjo un incendio, mientras las autoridades regionales reconocieron daños sin ofrecer un balance definitivo.
¿Qué porcentaje del petróleo ruso está en riesgo?
Las tres plantas representan cerca del 10% de la capacidad nominal de refinación de Rusia. Sin embargo, ese porcentaje no significa que Moscú haya perdido una décima parte de su producción de combustibles.
El impacto dependerá de las unidades dañadas, el volumen procesado antes de los ataques y el tiempo necesario para restablecer su funcionamiento. La industria petrolera rusa ya enfrentaba problemas antes de esta ofensiva.
Un análisis de septiembre de la Agencia Internacional de la Energía indicó que el procesamiento de crudo había descendido a niveles no registrados en más de dos décadas. También señaló reducciones en la fabricación de gasolina y diésel.
Consecuencias de los ataques y posible impacto para Cuba
El viceprimer ministro ruso, Alexandr Nóvak, reconoció el 30 de octubre ataques contra tres refinerías y una instalación gasoquímica, aunque sostuvo que los daños eran limitados. Sus declaraciones no incluyeron una evaluación de los incidentes posteriores ocurridos en Ufá y Kstovo.
Moscú también había impuesto restricciones a las exportaciones de combustible para proteger el abastecimiento nacional. Estas medidas precedieron a los nuevos bombardeos, por lo que no pueden atribuirse exclusivamente a los acontecimientos de las últimas 72 horas.
Para Cuba, que mantiene vínculos energéticos con Rusia y enfrenta una grave escasez de combustible, cualquier interrupción prolongada del suministro ruso podría agravar las dificultades de abastecimiento. No obstante, hasta el momento no existen pruebas de que estos ataques hayan modificado los envíos de petróleo hacia la Isla.