
Un edificio de tres plantas situado en el casco histórico de La Habana ha salido al mercado por 200.000 dólares, en otra muestra del peculiar mercado inmobiliario que se ha desarrollado en Cuba, donde propiedades destinadas a inversionistas conviven con una de las peores crisis habitacionales de las últimas décadas.
La oferta aparece publicada en Revolico y promociona el inmueble como una “oportunidad de inversión”. La propiedad tiene 310 metros cuadrados distribuidos en tres apartamentos independientes y, según el vendedor, posee vista al mar y se encuentra muy cerca del llamado puente de madera de La Habana Vieja.
El anuncio plantea específicamente su posible utilización para alquileres, hostales o apartamentos turísticos, por lo que el valor solicitado no parece estar determinado únicamente por su función residencial, sino también por su potencial comercial y por encontrarse en una de las zonas de mayor interés turístico de la capital.
Un edificio completo en el corazón turístico de La Habana
Dividiendo el precio solicitado entre la superficie anunciada, el inmueble se estaría ofertando por aproximadamente 645 dólares el metro cuadrado. Sin embargo, comparar ese valor con otros anuncios cubanos resulta complicado debido a la enorme heterogeneidad del mercado y a la ausencia de estadísticas oficiales sobre los precios reales de cierre de las compraventas.
Además, las cifras publicadas en portales de clasificados representan precios pedidos por los propietarios y no necesariamente el dinero que finalmente reciben. En agosto, por ejemplo, un inmueble promocionado como hotel privado en La Habana Vieja fue anunciado por 350.000 euros.
En otras zonas de la capital las diferencias son todavía mayores. Recientemente, una residencia de Miramar apareció ofertada por 3,5 millones de dólares, mientras apartamentos y casas de municipios menos cotizados pueden encontrarse por decenas de miles e incluso por cantidades inferiores.
Un mercado inmobiliario completamente dolarizado
La dimensión de estas operaciones contrasta con la situación económica de la mayoría de los cubanos. La tasa de referencia del mercado informal colocaba este 8 de septiembre el dólar alrededor de los 685 CUP. A ese cambio, los 200.000 dólares solicitados representarían unos 137 millones de pesos cubanos.
El salario medio nacional durante 2025 fue de 6.930 CUP mensuales, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). Incluso tomando como referencia el salario medio de La Habana, superior al promedio nacional, comprar una propiedad de esta magnitud únicamente con ingresos salariales resulta prácticamente imposible.
Al mismo tiempo, el déficit habitacional oficial supera las 800.000 viviendas. En todo 2025 solo se terminaron 5.493 casas en Cuba, un 26% menos que las 7.427 concluidas un año antes. De ellas, apenas 1.791 correspondieron a construcción estatal y 3.702 fueron levantadas mediante esfuerzo propio de la población.
La precariedad resulta especialmente visible en la capital. La Habana Vieja continúa registrando derrumbes parciales en edificios centenarios, mientras numerosas familias permanecen en inmuebles declarados en mal estado o con necesidades importantes de reparación.
Cuba modifica las reglas de un negocio cada vez más visible
La aparición de propiedades destinadas abiertamente a inversionistas coincide con una transformación del marco jurídico del sector. La Asamblea Nacional aprobó el 30 de julio una nueva Ley de la Vivienda que amplía los derechos de los propietarios, entre ellos la posibilidad de poseer hasta dos viviendas, además de una destinada al descanso o veraneo bajo determinadas condiciones.
También se han ampliado las posibilidades para actores privados y negocios inmobiliarios. Desde agosto entraron en vigor nuevas regulaciones para el sector y el Gobierno ha anunciado una mayor participación de capital privado y extranjero en actividades relacionadas con bienes raíces.
Ese proceso está creando un mercado con dos realidades difíciles de conciliar: por un lado, propiedades anunciadas por cientos de miles o millones de dólares y dirigidas a compradores con capital disponible; por otro, cientos de miles de familias atrapadas por el deterioro de las viviendas, la escasez de materiales y una construcción estatal que continúa muy por debajo de las necesidades del país.
El edificio de tres plantas ahora anunciado por 200.000 dólares resume esa contradicción: una construcción del casco histórico presentada como activo para generar ingresos turísticos en una ciudad donde conseguir, reparar o simplemente conservar una vivienda sigue siendo una de las mayores dificultades para buena parte de la población.