
El reguetonero cubano Yomil Hidalgo encendió la polémica el pasado fin de semana al afirmar, mediante un video en redes sociales, que pasó de dormir en una barbacoa a ser dueño de cinco viviendas en La Habana. Su declaración, que pretendía ilustrar un camino de ascenso personal, provocó reacciones divididas y encendió el debate sobre las restricciones legales que rigen la propiedad inmobiliaria en la Isla.
La ley cubana establece que cada ciudadano puede poseer una vivienda de residencia permanente y, en circunstancias específicas, una segunda casa en zonas de recreo. Ante este marco jurídico, la revelación de Yomil generó cuestionamientos inmediatos.
Usuarios de Instagram, pusieron en duda la legalidad de la tenencia de múltiples inmuebles por parte del artista. “¿Cómo lo hace, si la ley no lo permite?”, fue una de las preguntas más recurrentes en los comentarios.
La explicación más compartida apuntó a una práctica común entre los cubanos con mayores recursos: registrar las propiedades a nombre de varios familiares para eludir las restricciones. “Se la pone a nombre de su mamá, de su primo, del tío”, escribió un internauta. Otros señalaron que la acumulación de viviendas se ha vuelto frecuente en sectores con acceso a ingresos en divisas o con conexiones con el exterior.
En su defensa, Yomil agradeció a sus allegados por el respaldo recibido a lo largo de los años, sin aclarar cómo ha gestionado la titularidad de los inmuebles. “Gracias a Dios tengo familia y amigos de verdad”, escribió en sus cuentas, mensaje que varios interpretaron como una admisión implícita del uso de redes personales para sortear las limitaciones legales.
Más allá de los cuestionamientos jurídicos, el asunto expuso una grieta social. Mientras unos celebran el ascenso económico del artista como muestra de esfuerzo y perseverancia, otros lo acusan de beneficiarse de privilegios fuera del alcance del ciudadano común. “Tiene cinco casas y dice que todo fue con sacrificio. ¿Cuántos jóvenes talentosos viven hacinados en solares?”, escribió un usuario en TikTok. Otro comentó: “Esto no va de envidia, va de justicia”.
Algunos detractores incluso sugirieron vínculos con autoridades, insinuando que solo con respaldo institucional sería posible acumular bienes de esa magnitud sin enfrentar consecuencias legales. Aunque no se ha presentado evidencia concreta de tales conexiones, las sospechas persistieron entre sectores críticos al sistema.
Yomil no respondió directamente a esas acusaciones. Sin embargo, su caso reavivó interrogantes sobre cómo opera en la práctica el mercado inmobiliario en Cuba, en un entorno marcado por escasez de viviendas, dificultades de acceso a créditos y un entramado legal restrictivo.
En este contexto, la historia del reguetonero no solo ilustra una trayectoria individual, sino que pone en relieve las múltiples estrategias que emplean los cubanos con acceso a recursos para sortear los límites impuestos por la ley. También recuerda que el éxito económico en la isla suele estar atravesado por factores que van más allá del talento o la perseverancia.