
Un reciente artículo publicado en BBC Mundo revive la historia de cuatro hombres que emprendieron el 4 de mayo de 1999 una expedición sin precedentes al lanzar dos automóviles modificados al océano Atlántico desde la isla de La Palma, en las Islas Canarias.
La misión no perseguía fama ni un récord deportivo. Marco Amoretti, sus hermanos Fabio y Mauro, junto a su amigo Marcolino De Candia, intentaban cumplir el último deseo de Giorgio Amoretti, fotógrafo y aventurero italiano que fallecía a causa de un cáncer terminal tras haber concebido años antes la idea de cruzar el océano dentro de un automóvil convertido en embarcación.

Una expedición nacida de un sueño
Giorgio Amoretti había dedicado parte de su vida a desarrollar el proyecto “Automare”, un Volkswagen Beetle adaptado para navegar. Aunque nunca consiguió materializar la travesía, su familia decidió retomarla cuando su estado de salud se agravó.
Para la expedición eligieron un Volkswagen Passat de 1987 y un Ford Taunus de 1981. Ambos vehículos fueron modificados de forma artesanal para mantenerse a flote.
Sellaron la carrocería, incorporaron espuma de poliuretano para aumentar la flotabilidad, instalaron motores auxiliares, velas improvisadas y pequeñas áreas donde los tripulantes podían descansar durante la travesía.

Además, colocaron balsas inflables sobre el techo y unieron los dos automóviles mediante cuerdas para impedir que se separaran en mar abierto. Aunque mantenían la apariencia de vehículos convencionales, funcionaban como embarcaciones impulsadas por el viento, las corrientes marinas y motores de apoyo.
Sin embargo, el océano comenzó a pasar factura pocos días después del inicio del viaje. Fabio y Mauro Amoretti abandonaron la expedición debido al agotamiento físico y al fuerte mareo provocado por el oleaje. Marco Amoretti y Marcolino De Candia decidieron continuar solos hacia el Caribe.
Tormentas, aislamiento y un desenlace histórico
Los dos navegantes enfrentaron durante casi cuatro meses tormentas, filtraciones de agua y la pérdida de comunicación cuando dejó de funcionar el teléfono satelital.
Para mantenerse con vida, pescaron parte de sus alimentos y repararon de forma constante los desperfectos que sufrían las embarcaciones improvisadas.
Mientras permanecían aislados en medio del Atlántico, Giorgio Amoretti falleció el 28 de mayo de 1999. Su familia optó por no informarles de la noticia para evitar que el impacto emocional comprometiera la expedición.

Finalmente, el 31 de agosto de 1999, Marco Amoretti y Marcolino De Candia arribaron a Tartane, en la costa oriental de Martinica, después de recorrer cerca de 4.700 kilómetros y permanecer 119 días en el mar. La llegada atrajo a periodistas, residentes y familiares que esperaban a los expedicionarios.
De Candia recordó aquel momento con emoción: “Volver a ver a otros seres humanos fue todo un impacto”. También describió el estado físico en el que terminaron la aventura: “Llevábamos barbas largas, estábamos muy bronceados y teníamos las piernas como palos. Parecíamos un poco extraterrestres”.
Tras regresar a Italia, ambos soñaban con recuperar los vehículos y continuar navegando hasta Nueva York, un proyecto que nunca llegó a concretarse. La experiencia, sin embargo, dejó una huella permanente.
“Allí fuera no teníamos nada, pero éramos felices”, afirmó De Candia. “Habíamos alcanzado una paz muy profunda, una conciencia profunda”.

Por su parte, Serenella, madre de Marco Amoretti, expresó el orgullo que siente por la hazaña de los expedicionarios: “Siempre pensé que estos dos chicos eran seres especiales y que debían ser protegidos; están hechos para un mundo diferente”.
Con aquella llegada a Martinica, Marco Amoretti y Marcolino De Candia se convirtieron en las primeras personas en cruzar el océano Atlántico a bordo de automóviles transformados en embarcaciones, haciendo realidad el sueño que Giorgio Amoretti nunca pudo completar.

