
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció una de sus señales más claras de que reconoce el impedimento constitucional para buscar otro mandato en 2028 y reabrió el debate sobre la continuidad de su política hacia Cuba bajo Marco Rubio.
Consultado el martes en la Base Conjunta Andrews sobre si hablaba en serio cuando mencionaba una nueva candidatura, Trump respondió: “Todo el mundo me hace esa pregunta. Me encantaría postularme, pero la ley es muy firme. Incluso esta noche, durante el acto, gritaban ‘¡2028!’. No, todo el mundo quiere que lo haga, pero la ley es muy firme”, reiteró.
La respuesta contrasta con la ambigüedad que el mandatario mantuvo durante meses. El un artículo publicado originalmente por HuffPost se recuerda que Trump dijo a NBC News el año pasado que “hay métodos mediante los cuales se podría hacer”.
En aquella entrevista añadió: “No estoy bromeando”, y sostuvo: “Mucha gente quiere que lo haga. Pero, quiero decir, básicamente les digo que nos queda un largo camino por recorrer; ya saben, es muy temprano en la administración”.
La Vigesimosegunda Enmienda de la Constitución estadounidense establece que ninguna persona puede ser elegida presidente más de dos veces. Trump, vencedor en 2016 y 2024, ya alcanzó ese límite. Sus palabras no equivalen a una renuncia formal a toda maniobra política, pero reconocen directamente la barrera legal.
Rubio coloca a Cuba en el centro de la agenda
La eventual salida de Trump en enero de 2029 aumenta la atención sobre sus posibles herederos. Rubio, a quien el presidente ha mencionado junto al vicepresidente JD Vance entre sus posibles sucesores, llega a esa discusión tras convertir a Cuba en uno de los principales frentes de la política exterior de Washington.
En sus declaraciones más recientes sobre la isla, ofrecidas a Axios el 7 de agosto, Rubio afirmó que la estrategia busca eliminar las “válvulas de escape” del Gobierno cubano. Explicó que Washington cerrará cada mecanismo utilizado por La Habana para eludir las sanciones y aseguró que las autoridades cubanas no podrán esperar a que concluya pronto la campaña de presión, pues restan unos dos años y medio de administración.
“I’d love to run, but the law is very strong,” President Trump said when asked about a possible 2028 presidential run. pic.twitter.com/EVlGeQaDhh
— CBS News (@CBSNews) August 12, 2026
El secretario de Estado también argumentó que Cuba atraviesa una situación inédita porque carece de un patrocinador externo fuerte y recibe una atención prioritaria de Estados Unidos. Según Rubio, esa combinación ha colocado al Gobierno de Miguel Díaz-Canel en una posición especialmente difícil.
Añadió que la Casa Blanca seguirá actuando con “paciencia y persistencia” y expresó su confianza en que, al terminar el mandato de Trump, la isla se encuentre en una trayectoria irreversible hacia “un futuro diferente”.
Un día antes, Rubio anunció sanciones contra cinco entidades cubanas y ocho personas vinculadas, según Washington, con la compra de equipamiento militar y la cooperación de las Fuerzas Armadas con Rusia y China.
En su comunicado del 6 de agosto, describió a Cuba como patrocinador del terrorismo y acusó a sus aparatos militar y de inteligencia de espiar a Estados Unidos, respaldar a grupos violentos y facilitar operaciones de Rusia, China e Irán.
El costo de la salida de Trump para los cubanos
Las declaraciones de Trump y Rubio se cruzan en un punto decisivo: cuánto de la actual ofensiva contra La Habana sobrevivirá a 2028. Si Trump queda definitivamente fuera de la boleta, Rubio podría presentarse como garante de una política que ya incluye más de dos decenas de medidas, sanciones contra empresas y funcionarios, presión sobre las misiones médicas cubanas y restricciones financieras más amplias.
Ese endurecimiento tiene, sin embargo, una fuerte controversia humanitaria. Expertos de Naciones Unidas advirtieron el 6 de agosto que las medidas estadounidenses podían empujar a Cuba hacia una catástrofe y reclamaron que los alimentos no fueran utilizados como instrumento de presión política.
La economía cubana también arrastra graves problemas internos de gestión, baja producción, deterioro de los servicios públicos y prolongados apagones.
Para La Habana, la estrategia de Washington busca provocar el colapso económico y forzar un cambio de régimen; para Rubio, se trata de proteger la seguridad nacional estadounidense y crear condiciones para reformas políticas y económicas.
La admisión de Trump sobre el límite de dos mandatos no modifica de inmediato esa política. Pero desplaza la pregunta hacia la sucesión: quién controlará el proyecto republicano después de 2028 y si Cuba seguirá ocupando en él el lugar prioritario que Rubio le ha dado.

