
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se escondió en un contenedor de comida para poder cambiar de aeronave de manera secreta durante su salida de Turquía, después de que las autoridades estadounidenses detectaran una posible amenaza contra el avión presidencial.
La operación, realizada durante el regreso de una cumbre de la OTAN, mantuvo incluso a periodistas y parte del personal de la Casa Blanca sin conocer que el mandatario ya había huido del Air Force One.
La medida respondió, según funcionarios citados por la BBC, a una amenaza considerada creíble de que Irán pudiera lanzar un misil contra la aeronave en la que viajaba Trump. El presidente confirmó posteriormente el cambio y explicó que siguió las instrucciones del Servicio Secreto y del Ejército.
“Viajo bajo la protección del Servicio Secreto y del ejército. Querían que viajara en un vuelo diferente, en otro avión. Simplemente tengo que hacer lo que me dicen”, declaró, dejando la responsabilidad de su huida en su equipo de seguridad.
El episodio ocurrió el pasado 8 de julio, cuando Trump abandonó Ankara después de participar en una cumbre de la OTAN. El mandatario había llegado a Turquía en el nuevo Boeing 747-8 que recibió como regalo del Gobierno de Qatar, pero para su salida decidió utilizar el antiguo Air Force One.
De acuerdo con The Washington Post, después de subir al avión presidencial, Trump fue trasladado discretamente a un C-32A, un Boeing 757 modificado que suele utilizar el vicepresidente.
La maniobra se habría realizado mediante un contenedor de catering colocado junto a una zona del avión fuera de la vista de los periodistas. La operación incluyó otras medidas poco habituales. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, abordó por separado el C-32A para evitar que el movimiento llamara la atención.
Mientras tanto, los periodistas permanecieron en el antiguo Air Force One y recibieron instrucciones de mantener cerradas las persianas de las ventanas.
El avión que llevaba a los periodistas continuó utilizando el indicativo Air Force One, mientras la aeronave en la que viajaba Trump empleó el código Reach 18. De esta forma, el cambio permaneció oculto durante parte del trayecto.
Trump reconoció que él mismo no pidió demasiados detalles sobre la amenaza, “Supongo que existía una”, afirmó, aclarando que recibe numerosas advertencias de seguridad. También sostuvo que el avión presidencial original probablemente habría sido el objetivo si Irán hubiera decidido atacar.
La operación llama la atención por el nivel aparentemente exagerado de precaución empleado, considerando que incluso en plena guerra con Irán, cualquier atentado extranjero contra el presidente estadounidense tendría consecuencias internacionales de enorme gravedad, por lo que resulta improbable.
Al mismo tiempo, el despliegue para ocultar incluso al grupo de periodistas que acompañaba al mandatario muestra hasta qué punto las autoridades consideraron necesario reducir cualquier posibilidad de que su ubicación fuera conocida.
Trump había declarado anteriormente que era el “objetivo número uno” de Irán. Durante otro vuelo, también afirmó que su vida estaba “en peligro todo el tiempo” y describió a los responsables de las amenazas como “los canallas con los que tenemos que lidiar”.
La situación se produce además mientras continúa la preparación del nuevo Air Force One entregado por Qatar. El Gobierno estadounidense ha destinado alrededor de 400 millones de dólares a su modernización, aunque todavía recibe actualizaciones de seguridad.
La Casa Blanca sostiene que el avión es seguro para transportar al presidente y que recibirá mejoras adicionales; sin embargo, el episodio de Turquía muestra que, ante una amenaza considerada creíble, la administración puede recurrir a medidas extremas.

