
La Asamblea General de Naciones Unidas inicia este 8 de septiembre su nuevo período de sesiones y Cuba volverá a llevar a Nueva York uno de sus reclamos históricos: el fin del embargo estadounidense. Pero detrás de la votación existe una pregunta mucho más cercana al bolsillo de los cubanos: ¿qué cambiaría realmente si Washington eliminara el embargo y las sanciones?
La respuesta no es tan sencilla como abrir los puertos al día siguiente. El impacto podría medirse en miles de millones de dólares, pero también dependería de algo que durante décadas La Habana ha intentado minimizar: las propias restricciones, ineficiencias y falta de garantías existentes dentro de la economía cubana.
La ONU puede votar contra el embargo, pero no puede levantarlo
En octubre de 2025, 165 países votaron a favor de la resolución que pide poner fin al embargo, frente a siete votos en contra y 12 abstenciones. Sin embargo, esa decisión no modificó una sola sanción estadounidense.
La razón es jurídica. Parte esencial del embargo está incorporada en leyes federales como la Helms-Burton. Bajo las condiciones políticas actuales de Cuba, una eliminación completa necesitaría cambios aprobados en EEUU y no simplemente una resolución de Naciones Unidas.
De hecho, Donald Trump acaba de prorrogar hasta septiembre de 2027 facultades utilizadas para mantener las sanciones contra Cuba, mientras Washington ha seguido incorporando empresas, bancos y organismos estatales a sus listas de sancionados.
La Habana sostiene que el embargo provocó pérdidas por 8.083,3 millones de dólares entre marzo de 2025 y febrero de 2026. Es una estimación elaborada por el propio gobierno cubano y no una auditoría independiente, pero su tamaño resulta llamativo: la CEPAL calcula que todas las exportaciones cubanas de bienes y servicios sumaron 8.847 millones de dólares durante 2025.
Comida, dólares y turismo: los sectores donde el cambio sería más rápido
Incluso con el embargo vigente existe comercio. EEUU exportó a Cuba bienes por 809,6 millones de dólares en 2025. Entre enero y julio de 2026 ya había vendido otros 674 millones, mientras las importaciones estadounidenses procedentes de Cuba fueron de apenas 500.000 dólares.
Una antigua modelización de la Comisión de Comercio Internacional de EEUU (USITC), que debe tomarse como referencia y no como pronóstico para 2026, calculó que sin las restricciones estadounidenses las ventas agrícolas y manufactureras seleccionadas podrían alcanzar unos 1.800 millones de dólares anuales. Si Cuba también redujera sus propias barreras comerciales, la cifra llegaría a aproximadamente 2.200 millones.
La misma institución estimó que la apertura completa de los viajes podría añadir entre 1,5 y 3,5 millones de turistas estadounidenses al año. La comparación con la situación actual es enorme: Cuba recibió alrededor de 419.000 visitantes internacionales entre enero y julio de 2026, un desplome cercano al 62% interanual.
Antes de su actual colapso, el turismo llegó a generar alrededor de 3.000 millones de dólares anuales. Una recuperación permitiría volver a captar divisas para alimentos, combustible e importaciones, aunque no garantizaría que ese dinero termine directamente en los hogares.
Levantar las sanciones no arreglaría por sí solo a Cuba
La CEPAL proyecta que la economía cubana se contraerá 10,3% en 2026 y que la inflación podría cerrar cerca del 27%. Por eso, eliminar las sanciones tendría un impacto significativo, pero difícilmente produciría una recuperación automática.
El economista Ricardo Torres advirtió recientemente que con el actual régimen de sanciones y el deterioro de las capacidades productivas existen pocas posibilidades de crecimiento para el sector privado. Al mismo tiempo, señaló otra barrera fundamental: la ausencia de un sistema judicial independiente y las dudas sobre las garantías para los inversionistas.
Ese problema cobra mayor importancia ahora que Cuba permite empresas privadas de más de 100 trabajadores y mayor participación de capital extranjero. El economista Pedro Monreal también ha alertado sobre los riesgos legales que todavía enfrentan quienes quieran invertir en la Isla.
Un estudio econométrico del economista Pavel Vidal encontró además que el endurecimiento de las sanciones reduce el consumo de los hogares y perjudica al sector privado, pero no mostró una reducción equivalente del consumo gubernamental.
Desde el terreno político tampoco existe consenso. Christopher Sabatini, de Chatham House, ha señalado que décadas de sanciones no lograron producir un cambio de régimen. Otros analistas, como Brian Fonseca y Liany Diaz Gonzalez, consideran que la presión puede obligar a La Habana a hacer concesiones, aunque advierten sobre los riesgos de mayor represión, inestabilidad o una crisis prolongada.
Por tanto, levantar completamente el embargo podría significar más turistas, crédito, comercio, inversión y millones de dólares adicionales circulando alrededor de la economía cubana. Lo que ninguna organización seria puede asegurar es cuánto de ese dinero llegaría finalmente al cubano común si no cambian también las reglas económicas y políticas dentro de la Isla.
