
El cantautor español Alejandro Sanz explotó en Twitter esta semana. El actual novio de la artista plástica cubana Rachel Valdés aseguró que estaba harto del Covid-19 y de la política española, y dijo que lo que más desea es poder vivir tranquilo estos días.
El intérprete de “La Tortura” opinó que la política en España ha tomado tintes inútiles y discusiones sin sentido durante este atípico año.
“No sé si estoy más harto del COVID o de la política, la verdad. Si no nos dejan vivir tranquilos, déjennos morir en paz. Absténgase opinadores amateurs y asociaciones diversas. Solo estoy descargando. Cumpliré las normas como todo el mundo. Pero estoy cansado. ¿Alguien más?”, escribió.
No se si estoy mas harto del COVID o de la política, la verdad. Si no nos dejan vivir tranquilos, déjennos morir en paz. Absténgase opinadores amateurs y asociaciones diversas. Solo estoy descargando. Cumplirè las normas como todo el mundo. Pero estoy cansado. Alguien más?
— Alejandro Sanz (@AlejandroSanz) September 29, 2020
Septiembre se convirtió en un mes eterno para los españoles, si bien por un lado se acabaron las vacaciones y regresó la vuelta al colegio, la incertidumbre sanitaria y laboral, además de la desazón que generan los políticos españoles con sus constantes discusiones sin sentido.
Parece que esta situación no solo ha estresado a los ciudadanos comunes, sino también los artistas y así lo han explicado los especialistas en salud pública y mental.
Thomas Tsai, investigador de la Escuela de Salud Pública T.H Chan de Harvard, ha asegurado que cada país tiene el control de su futuro respecto al coronavirus y ha subrayado que el éxito para contenerlo está determinado por la voluntad de cada Gobierno en implementar las medidas necesarias y por el interés de la sociedad en cumplir con las normas.
El experto subrayó que los rebrotes que se están viendo en países como España y Francia son similares a los que ha experimentado Estados Unidos cuando muchos estados reabrieron negocios y actividades de forma agresiva.
Tsai opina que ese comportamiento es un síntoma de lo que él denomina “fatiga pandémica”, por la que la sociedad y los mandatarios quieren que la pandemia desaparezca y alivian las restricciones que contienen al virus.