
Teherán amaneció este 1 de marzo de 2026 bajo una nube de incertidumbre tras los intensos bombardeos de Israel y Estados Unidos. En medio del caos, varios medios internacionales informaron que el expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad habría fallecido durante los ataques en la capital iraní.
Hasta el momento, las autoridades de la República Islámica no han emitido una confirmación oficial sobre su muerte.
El reporte, que comenzó a circular en la madrugada, señala que la residencia del exmandatario en el barrio de Narmak, al este de Teherán, habría sido alcanzada por uno de los bombardeos.
Algunas versiones indican que también murieron miembros de su equipo de seguridad. No obstante, la falta de un pronunciamiento formal por parte de la agencia estatal IRNA o del gobierno iraní mantiene abierta la posibilidad de que Ahmadinejad continúe con vida.
La información ha sido replicada por medios israelíes como The Jerusalem Post e Israel Hayom, que citan fuentes de inteligencia y reportes preliminares surgidos dentro de Irán.
Ahmadinejad, presidente entre 2005 y 2013, fue uno de los rostros más radicales del régimen teocrático iraní. Durante su mandato, endureció el discurso contra Occidente, negó el Holocausto en foros internacionales y defendió abiertamente la desaparición del Estado de Israel. Tras dejar la presidencia, mantuvo influencia política y vínculos con estructuras clave del poder iraní.
Para Cuba, su figura no fue lejana ni secundaria. Durante los años en que coincidió en el poder con Fidel Castro y luego con Raúl Castro, Ahmadinejad consolidó una estrecha alianza con el régimen de La Habana. Las visitas oficiales fueron frecuentes y los discursos compartieron una retórica común: antiestadounidense, confrontacional y alineada con gobiernos enfrentados a Washington.
En 2006 y 2012, Ahmadinejad viajó a Cuba como parte de giras por América Latina destinadas a fortalecer el eje político entre Teherán y gobiernos afines en la región. La cooperación incluyó acuerdos energéticos, proyectos industriales y respaldo diplomático mutuo en foros internacionales.
La alianza se sustentó en una coincidencia ideológica: ambos gobiernos se presentaban como baluartes de resistencia frente a las sanciones de Estados Unidos y promovían un discurso de confrontación sistemática contra el orden liberal occidental.
La Habana, históricamente aislada por su modelo autoritario, encontró en Irán un socio estratégico fuera del hemisferio. Ahmadinejad, por su parte, utilizó estos vínculos para proyectar influencia en América Latina y romper el cerco diplomático que enfrentaba su país por el programa nuclear.
De confirmarse su muerte, desaparecería una figura clave en la arquitectura de alianzas entre regímenes autoritarios que han cooperado durante décadas.
Este 28 de febrero, medios estatales iraníes confirmaron la muerte del líder supremo, Ali Jamenei, tras los bombardeos sobre Teherán. La televisión oficial anunció luto nacional y la activación de un mecanismo de sucesión provisional, mientras el gobierno calificó el ataque como un acto de guerra y prometió represalias.

