
American Airlines anunció que sigue trabajando con las autoridades regulatorias de Estados Unidos y Venezuela para restablecer los vuelos directos entre Miami y Caracas, una conexión suspendida desde 2019.
La compañía informó que, si concluyen las aprobaciones gubernamentales y los controles de seguridad pendientes, prevé iniciar un vuelo diario sin escalas a partir del 30 de abril.
La operación estaría a cargo de Envoy, subsidiaria regional de American Airlines Group, con aviones Embraer 175. De concretarse, sería la primera aerolínea estadounidense en reactivar vuelos hacia Venezuela en más de seis años, tras el levantamiento de las restricciones impuestas durante el primer mandato de Donald Trump.
El anuncio fue presentado por la aerolínea como un paso aún condicionado. En su comunicado, la empresa señaló que el reinicio depende de que se completen todos los requisitos oficiales y las revisiones de seguridad aeroportuaria. Reuters reportó que la Administración de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos ya inspeccionó recientemente procedimientos en Caracas, un paso considerado necesario para reabrir la ruta.
Nate Gatten, vicepresidente ejecutivo de American Eagle, bienes raíces corporativos y asuntos gubernamentales, dijo que la compañía ha avanzado con ambos gobiernos y atribuyó el progreso a la coordinación entre las partes. También agradeció el respaldo del secretario de Transporte, Sean Duffy, del secretario de Estado, Marco Rubio, y de la administración estadounidense.
La ruta propuesta uniría al Aeropuerto Internacional de Miami con el de Caracas mediante un servicio diario. American explicó que el Embraer 175 asignado a la operación ofrece dos clases, cabina premium, conexión Wi-Fi y tomas de corriente en los asientos, una configuración con la que busca mejorar la experiencia de viaje en un mercado que retoma valor estratégico.
Nat Pieper, director comercial de la aerolínea, remarcó la importancia de Miami como principal puerta de entrada de la compañía hacia América Latina. Según su planteamiento, la reconexión con Venezuela forma parte de la historia y del futuro comercial de American, que ve en esa ruta una oportunidad para fortalecer vínculos familiares, corporativos y humanitarios.
La relación de la empresa con el mercado venezolano no es nueva. American comenzó a operar en ese país en 1987 y llegó a convertirse en la mayor aerolínea estadounidense allí antes de suspender sus servicios en 2019, cuando Washington ordenó frenar los vuelos hacia Venezuela por razones de seguridad y política exterior.
Ese escenario cambió en enero de este año, cuando el secretario de Transporte, Sean Duffy, revocó la orden de 2019 por instrucción del presidente Trump. Luego, en marzo, el Departamento de Transporte aprobó la solicitud de American para volar desde Miami a Caracas y Maracaibo a través de Envoy, con una autorización válida por dos años.
Reuters informó además que la reapertura de la ruta ocurre después de una flexibilización parcial del panorama bilateral. En marzo, el Departamento de Estado redujo la alerta de viaje para Venezuela desde “Do Not Travel” a “Reconsider Travel”, aunque mantuvo advertencias por criminalidad, secuestros, terrorismo y debilidad de la infraestructura sanitaria.
Para American, la conexión también tiene una dimensión operativa mayor. La compañía afirmó que Miami sigue siendo su centro clave para América Latina y el Caribe, y recordó que enlaza más destinos sin escalas hacia Estados Unidos que cualquier otra aerolínea en la región.
Si la fecha del 30 de abril se mantiene, la ruta Miami-Caracas volverá a estar disponible tras una pausa de más de seis años. La empresa sostiene que ese retorno atenderá viajes de negocios, ocio, reunificación familiar y desplazamientos humanitarios, un factor relevante para miles de personas con intereses en ambos países.
Por ahora, el reinicio no es definitivo. American insiste en que la operación solo comenzará cuando se completen las autorizaciones pendientes y se confirme el cumplimiento de todos los estándares de seguridad. Hasta entonces, el anuncio marca una intención firme, pero todavía sujeta a la decisión final de las autoridades competentes.
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