
Poco después de haber bajado la intensidad que vives los primeros días, esos en los que todos están disponibles para ti, porque hacía años que 90 millas marcaban la distancia, porque te quieren mostrar dónde se han acomodado y acostumbrado a vivir, pese a las nostalgias y la constante presión por pagar facturas mensuales; luego de esas jornadas de pura euforia y recorrido por tiendas y los lugarcillos de moda, entonces me vino el sueño.
Dormía profundamente, pero como siempre, con la cabeza llena de vivencias alocadas y atolondradas que al día siguiente ni siquiera puedo narrar con coherencia. Fue una noche, en la que aún pernoctaba en el sofá de la sala de mi tío, porque como todo recién llegado, todavía me faltaban ciertas condiciones (de todo tipo) para arrancar con mi independencia.
La imagen más clara no pudo ser: ahí estaba yo pisando el suelo del diminuto apartamento del que apenas pude despedirme en La Habana. Yo en el centro, creo que sola, pero con voces a mi alrededor. En cuestiones de segundos estaba en gestiones, no supe definirlas luego en mi remembranza de la historia, pero en eso andaba yo, seguramente lidiando con el chofer de un almendrón o en el intercambio sarcástico con algún vendedor del agromercado; lo cierto es que ya me había salido del apartamentico que en la vida real no me ha visto más el pelo.
Entonces, como ya es usual en la dramaturgia de mi subconsciente, llegó un punto de giro drástico. Así, sin ton ni son, decidía regresarme a la otra orilla, donde estaba una sustanciosa parte de mis amigos y conocidos; seguramente, en lo que yo paseaba en un almendrón, ellos estaban batidos con el tráfico o posteando una selfie en alguna red social. En mi sueño no pude establecer ese paralelo, pero sería lo más probable que estuviese sucediendo. Ilusa yo, creía que por ser un sueño iba a ser todo tan sencillo, hay puntos de la vida que ni en sueños se pueden manejar con un chasquido de dedos.
Y ahí comenzó la pesadilla. Yo quería volver a teletransportarme, tal como hice de Miami a La Habana, pero quizás ya esa posibilidad la había agotado, te dan una cuota por cada sueño. En fin, lo cierto es que no podía salir de aquello que te enseñan como “el pedacito”, “patria”, “el terruño”, “la tierra natal”, pero paradójicamente, también el diminuto espacio que te ahoga. Nada es como una relación de amor-odio.
Revisé los errores, repasé nuevamente el librito azul, y en él permanecía todavía fresco el cuño que lo explicaba todo. Vino la confusión, y hasta el desespero, pero poco a poco comencé a aceptar aquello, aunque mi cuerpo, visto desde fuera por una persona despierta, emitiera movimientos extraños y tuviera medio sofá empapado de sudor. Ya estaba procesando mi pesadilla, más bien la idea de haber salido, regresado y no poder salir jamás. Es como un trabalenguas.
En medio de la resignación, un sonido interrumpió mi letargo. Abrí los ojos, y en la pantalla del teléfono Facebook me anunciaba un evento. Eran las 6:12 a.m., mi tío tomaba su café matutino y salía al trabajo. Yo acomodé las sábanas nuevamente en el sofá y me quedé pensando en todo aquello con una extraña sensación de alivio.
Artículo de opinión publicado bajo la Política de Renuncia de Responsabilidad de Periódico Cubano
Pues eres una es**pida que solo sueña imbecilidades. Pregúntale a los mexicanos que entran a ese país gobernado por un loco, elegido por idiotas, que sueñan cuando los separan de sus hijos y los encierran en jaulas peor que a los animales.
MArio con todo respeto , idiota tu madre
eso no es un sueño , es una pesadilla
Yo me fui hace 13 anos y todavía tengo esos sueños….