
La acumulación de basura y escombros sobre las vías obligó nuevamente al tren de pasajeros Habana-Guantánamo a detenerse en el reparto Aguilera, en Las Tunas, donde trabajadores ferroviarios y vecinos tuvieron que retirar los desperdicios a mano para permitir que el convoy continuara su recorrido.
Según informó el medio provincial Periódico 26, la presencia de desechos sobre los rieles impidió el paso del tren. El medio reconoció que se habían realizado algunas acciones para eliminar los vertederos de la zona, aunque todavía quedaba una cantidad considerable de basura por recoger.
La repetición del incidente resulta especialmente preocupante porque en septiembre una montaña de desperdicios bloqueó el mismo tramo y obligó al maquinista a activar el freno de emergencia para evitar un posible descarrilamiento.
En aquella ocasión, los propios pasajeros tuvieron que bajar del tren y ayudar a despejar la vía con herramientas improvisadas. El medio atribuyó la persistencia del problema a la falta de trabajadores, vehículos recolectores y combustible.
La situación refleja una crisis que no se limita a un punto de Las Tunas: afecta a distintas ciudades del país y deja a los residentes conviviendo con vertederos en calles, aceras y espacios cercanos a viviendas.
En febrero de 2026, el periódico oficial reconoció que la provincia tunera necesitaba 657 carretoneros para recoger los residuos, pero solo tenía 229 activos. Además, el servicio llegó a quedarse sin combustible para sus vehículos motorizados.
Meses después, ante la acumulación de desechos, una pequeña empresa privada comenzó a realizar recogidas voluntarias, mientras los vertederos continuaban marcando el paisaje urbano.
La situación también se ha documentado en La Habana. En agosto, Periódico Cubano informó sobre un gran basurero en la calle Virtudes, en Centro Habana, cuyos desperdicios ocupaban aceras y parte de la vía pública.
En junio, ese medio también recogió el caso de dos vecinos que asumieron por iniciativa propia la vigilancia y limpieza de una esquina para impedir que volviera a llenarse de basura, y se recurrió a triciclos eléctricos, un proyecto que también fracasó.
A escala nacional, la agencia Reuters reportó en febrero que solo 44 de los 106 camiones recolectores de La Habana estaban operativos, en medio de la escasez de combustible.
La crisis energética agrava las dificultades, aunque en Las Tunas también se han señalado problemas de personal y disponibilidad de equipos, por lo que el Estado ha recurrido incluso a carretas tiradas por animales.
Mientras las autoridades atribuyen parte de la situación a conductas irresponsables de la ciudadanía, la falta de medios para mantener un servicio regular y de calidad deja sin resolver el problema de fondo.
La basura acumulada no solo deteriora los barrios: cuando invade una línea ferroviaria, también pone en riesgo la seguridad y obstaculiza un transporte que ya funciona con fuertes limitaciones.
Desde junio, el tren Habana-Guantánamo había reducido sus salidas a una cada 16 días por la escasez de combustible. Además, el servicio se encontraba temporalmente cancelado por las afectaciones del huracán Melissa, según informó el Ministerio de Transporte.