
El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla publicó en la red social X una serie de mensajes en los que calificó de “absurdo” que el Departamento de Estado considere a Cuba una amenaza de seguridad para los Estados Unidos.
Según el diplomático, la isla es un “país pacífico” con un “historial limpio contra el terrorismo” y el crimen organizado, y acusó a Washington de fabricar pretextos con “argumentos débiles y falaces”.
El discurso no es nuevo. Desde hace décadas, La Habana recurre al mismo esquema narrativo: presentarse como un pequeño país asediado por una superpotencia, sin responsabilidad alguna en las tensiones bilaterales.
Lo que Rodríguez Parrilla omite sistemáticamente, sin embargo, resulta más revelador que lo que dice. No menciona la represión documentada contra manifestantes pacíficos, ni el encarcelamiento de cientos de presos políticos tras las protestas del 11 de julio de 2021, ni las restricciones a la libertad de prensa que organizaciones internacionales denuncian año tras año.
Tampoco aborda el canciller los vínculos históricos del gobierno cubano con regímenes autoritarios ni su papel como sostén político del chavismo en Venezuela, un factor que precisamente coloca a la isla en el centro del debate geopolítico hemisférico.
El Senado de EEUU no logra frenar a Trump sobre Cuba
Las declaraciones de Rodríguez Parrilla llegan en un momento de alta tensión. Este martes 28 de abril, los demócratas del Senado estadounidense fracasaron en su intento de limitar la autoridad del presidente Donald Trump para usar fuerza militar contra Cuba.
Es absurdo que el Departamento de Estado alegue que #Cuba, un país en desarrollo, relativamente pequeño y sometido a una guerra económica brutal, pueda significar una amenaza para la mayor potencia militar, tecnológica y económica del mundo.
Lo es, además, sabiendo que Cuba es… pic.twitter.com/eEnHLb4diW
— Bruno Rodríguez P (@BrunoRguezP) April 29, 2026
La votación terminó 47 a favor y 51 en contra, con los republicanos votando mayoritariamente en bloque para proteger la potestad del ejecutivo. Solo dos senadores republicanos, Susan Collins de Maine y Rand Paul de Kentucky, se sumaron a la iniciativa demócrata.
Este resultado se inscribe en una tendencia clara: el Senado ha fallado repetidamente en sus esfuerzos por contener las acciones militares de la administración Trump, incluyendo cinco votaciones relacionadas con Irán y los intentos por limitar la intervención que culminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Para La Habana, el panorama debería ser motivo de preocupación genuina, no de comunicados grandilocuentes en redes sociales.
Entre la propaganda y la realidad: lo que Cuba necesita admitir
El problema de fondo con la postura del canciller cubano es su desconexión con la realidad que viven millones de cubanos.
Mientras Rodríguez Parrilla dedica su energía a responder al Departamento de Estado, la economía de la isla se desmorona, la emigración alcanza cifras récord y los apagones se han convertido en parte de la vida cotidiana. Invocar la “guerra económica brutal” de Estados Unidos como explicación única de todos los males es una estrategia gastada que cada vez convence a menos personas, incluidos los propios cubanos.
Es legítimo cuestionar si una acción militar estadounidense contra Cuba sería proporcionada o justificada. Ese debate existe dentro de la propia política norteamericana, como lo demuestra la votación en el Senado. Pero ese cuestionamiento válido no convierte automáticamente al gobierno cubano en un actor inocente.
La diplomacia cubana sigue apostando por un discurso que funciona en ciertos foros internacionales pero que pierde relevancia frente a la evidencia acumulada. Mientras La Habana no reconozca sus propias responsabilidades, sus proclamas de paz seguirán sonando más a propaganda que a política exterior seria.