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Camaradas del dólar: la revolución subsidiada desde el exilio

Los comunistas se han dolarizado sin rubor: gritan “¡Patria o muerte!” en las asambleas, pero corren a casa a prender la plantica de gasolina enviada por “Ernestico”, el mismo que huyó del “paraíso socialista” en cuanto pudo
Las remesas a Cuba
Estos personajes repiten el discurso hipócrita de resistencia, pero reciben remesas y tienen acceso a una vida que es inalcanzable para la mayoría de los cubanos. (Foto © Periódico Cubano)

Todavía la recuerdo. Tenía una voz chillona y un gesto severo, de esos que no admiten réplica. Activista del Comité Central del Partido, su currículum en tareas de propaganda era tan extenso como el apagón que nos dejó sin luz tres días consecutivos.

Se pavoneaba en las reuniones del CDR con una energía que ni el café de su hijo en Madrid podía igualar. Hablaba de unidad, de lucha contra el imperialismo, de un enemigo externo que todo lo contamina, excepto, claro, el euro que religiosamente recibía cada mes.

Era combativa, sí. Una verdadera talibana ideológica. Bastaba que alguien resoplara con fastidio ante una cola de seis horas para el pan, y ya estaba ella anotando mentalmente el nombre para el informe. Denunciaba con fervor, defendía a la Revolución con los dientes apretados y una moral prestada. Se presentaba como una comunista de “capa y espada”, aunque su espada más afilada era la lengua chismosa.

Pero un día, el teatro se desplomó. Aquella tarde, mientras preparaba una reunión patriótica —con bandera del 26 de Julio incluida— llegó un joven en una motorina. Tocó la puerta y preguntó con naturalidad:
—¿Aquí vive la señora Vivían?
—Sí, soy yo —respondió, como quien teme que el pasado le pase factura.
—Firme aquí, por favor. Su hijo le envió 500 euros.

El silencio que siguió fue brutal. No por la cifra, sino por la vergüenza. La misma que ella no pudo ocultar cuando guardó el sobre con rapidez. Esa noche la reunión se convirtió en un velorio ideológico. Ni una palabra sobre el imperialismo, ni una arenga sobre resistir. Calló, porque el sobre hablaba más fuerte que cualquier discurso.

western union envios de remesa a cuba
A estos “comunistas” no les puede faltar su remesa para disfrutar de sus comodidades, mientras defienden una “revolución” que no padecen. (Foto © Periódico Cubano)

Y este no es un caso aislado. Es una cruel postal de la Cuba actual: una isla donde los comunistas se han dolarizado sin rubor. Gritan “¡Patria o muerte!” en las asambleas, pero corren a casa a prender la plantica de gasolina enviada por “Ernestico”, el mismo que huyó del “paraíso socialista” en cuanto pudo. Beben café importado, compran en las tiendas MLC, donde el pueblo llano ni se atreve a mirar las vidrieras. Hablan de igualdad, mientras guardan los euros en una cartera Louis Vuitton falsa, pero eficaz.

Estos no son los viejos militantes que creían en la utopía. No. Son comunistas de ocasión, con la moral hipotecada y la conciencia en rebaja. Nunca están en la cola de la bodega. No sudan bajo el sol por un litro de aceite. Su “resistencia” tiene aire acondicionado y su patriotismo se alimenta de remesas en moneda enemiga.

En tiempos de Orwell, esto se llamaría doblepensar. Hoy, simplemente es hipocresía. Pero una hipocresía letal, porque vacía de sentido todo lo que se predica. “No hay moral sin economía”, dijo alguna vez Fidel Castro, y hoy habría que recordarle que tampoco hay revolución con comunistas rentados en divisas.

¿Qué queda, entonces? Miseria moral. Desmoralización. Mentira. El discurso hueco de quienes con una mano alzan la bandera y con la otra reciben el Western Union. Decía Albert Camus que “la mentira es una forma de cobardía”. Y estos comunistas de café importado no solo mienten: traicionan, acomodan, trafican con el dolor de un pueblo. No luchan: lucran.

Asi las cosas… Cuba vive hoy una contradicción grotesca. La revolución, que prometía igualdad, ha generado una élite paralela de fieles al régimen subsidiados por el capitalismo externo. Se declaran enemigos del sistema que los alimenta y verdugos del pueblo que los rodea.

Pero todo se sabe, todo se ve. Y llegará el día en que la historia —que tantas veces han manipulado— los desenmascare como lo que realmente son: oportunistas disfrazados de patriotas, charlatanes con el bolsillo lleno y la conciencia vacía.

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