
Brown University suspendió para el otoño de 2026 el programa de intercambio que enviaba estudiantes de universidades de Estados Unidos a la Universidad de La Habana.
La decisión fue comunicada a las instituciones participantes debido al deterioro de las condiciones en Cuba y al aumento de las tensiones geopolíticas. La pausa fue explicada por Jorge Cuellar, director del programa en Dartmouth, quien atribuyó la medida a las dificultades logísticas dentro de la Isla y al impacto de la crisis energética.
La cancelación ocurre mientras tres alumnos de Dartmouth permanecen en La Habana en un intercambio de 15 semanas. Sus testimonios muestran una experiencia condicionada por apagones, restricciones de movilidad y alteraciones en la rutina académica.
El caso expone hasta qué punto la crisis cubana también golpea proyectos internacionales que dependen de una mínima estabilidad para funcionar. El programa selecciona normalmente a ocho estudiantes por semestre. Dos ya se habían comprometido con la cohorte de otoño que ahora quedó suspendida.
John Tansey, director ejecutivo del Instituto Guarini para la Educación Internacional, afirmó que la prioridad ha sido proteger la salud, la seguridad y el bienestar de los participantes, en coordinación con los socios locales.
El contexto se agravó desde enero, cuando el presidente de EEUU comenzó a declarar que Cuba sería la siguiente en su plan de cambios después de Venezuela e Irán. Trump prohibió el suministro de petróleo a Cuba, aunque hace más de una semana dejó entrar un barco ruso con más de 730.000 barriles de crudo.
Gabriela Martínez explicó que, a diferencia de intercambios anteriores, los participantes de este semestre no pueden salir de La Habana. Según relató, los organizadores temen no poder reagruparlos o evacuarlos con rapidez si ocurre una emergencia.
Camila Sánchez dijo que esa limitación ha sido decepcionante, porque les impide conocer otras zonas del país. La afectación no se limita al transporte o a la seguridad. Alondra Ajpacaja contó que la Universidad de La Habana suspendió las clases para los alumnos cubanos cuando la escasez de combustible elevó el costo del traslado.
Como resultado, las aulas se compusieron únicamente de estudiantes estadounidenses, lo que comprometió el objetivo fundamental del intercambio.
Las dificultades también alcanzan la vida diaria. Ajpacaja explicó que en su vecindario hay cortes eléctricos pese a estar cerca de un hospital. Martínez relató que los apagones suelen ocurrir entre las 5:00 y las 8:00 de la noche, aunque a veces se prolongan hasta las 10:00, afectando incluso el acceso al agua y tareas básicas como bañarse.
Las familias anfitrionas también se adaptan: algunas cocinan de madrugada o preparan alimentos que requieran menos gas para sortear la escasez.
A pesar de estas circunstancias, las estudiantes no califican su estancia como un fracaso absoluto. Sánchez afirmó que decidió continuar cuando se les dio la opción de retirarse y que todavía considera valiosa la experiencia. Martínez observó una leve mejoría tras la llegada de un tanquero ruso el 1 de abril, al notar más autobuses y vehículos en las calles.

