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Capturados los dos reclusos fugados de la prisión de Canaleta en Ciego de Ávila

Reclusos fugados de la prisión
Reclusos fugados de la prisión en Ciego de Ávila. (Foto © Revolico Gaspar Exclusivo – Facebook)

Este jueves en la tarde, se dio a conocer la noticia de la captura de los dos reclusos que se habían fugado de la prisión provincial Canaleta, en Ciego de Ávila, el pasado 24 de agosto.

Ángel Luis Torres Santana, alias Michel, e Idalberto Pérez Olivera, conocido como Basurita, ambos considerados de alta peligrosidad por los delitos de asesinato, robo con fuerza y otros antecedentes graves, ya están nuevamente en el penal.

La noticia fue difundida por la página oficialista Avileños de corazón, que celebró la acción de las fuerzas policiales en un tono triunfalista.

El mensaje, acompañado de emojis y frases de victoria, aseguraba que los prófugos, descritos como “corre caminos sin lugar de destino”, fueron capturados gracias a la labor ininterrumpida del Minint, que actuó “sin descanso para restablecer en el menor tiempo posible nuestra tranquilidad”.

En el comunicado, escrito sin seriedad y con tono bastante vulgar, no se ofrecen detalles sobre las circunstancias de la fuga ni sobre el operativo de recaptura, más allá del escueto comunicado en redes sociales.

Como siempre, el gobierno evita aclarar cómo dos presos de alta peligrosidad lograron escapar de una de las principales prisiones de la región, lo que abre cuestionamientos sobre la seguridad en el sistema penitenciario y la preparación del personal encargado.

Torres Santana había sido condenado a 28 años de privación de libertad por los delitos de asesinato, amenaza, desacato y evasión de preso. Ingresó a prisión en diciembre de 2005 y debía permanecer en el sistema penitenciario hasta 2037.

Por su parte, Pérez Olivera, alias Basurita, cumplía una condena de 16 años y seis meses por asesinato, robo con fuerza, lesiones y tenencia ilegal de armas de fuego. Fue encarcelado en enero de 2017 y su salida estaba prevista para 2035.

Ambos lograron evadir la seguridad de Canaleta el 24 de agosto, lo que generó una alerta en toda la provincia y obligó a desplegar fuerzas en varias zonas rurales y urbanas.

En los días que transcurrieron desde la fuga, numerosos vecinos de Ciego de Ávila y provincias cercanas manifestaron su inquietud por la presencia de prófugos con historial violento. La difusión de sus fichas en redes sociales generó alarma, mientras las autoridades se limitaban a pedir colaboración ciudadana a través de números telefónicos.

Este episodio refleja no solo la vulnerabilidad de las cárceles cubanas, sino también el manejo propagandístico de la información. En lugar de reconocer fallas o anunciar medidas correctivas, el régimen intenta proyectar la idea de una fuerza policial infalible que garantiza la seguridad ciudadana.

La captura de Torres Santana y Pérez Olivera, aunque presentada como un triunfo, deja abiertas preguntas esenciales: ¿cómo pudieron escapar?, ¿hubo complicidad interna?, ¿qué medidas se adoptarán para evitar que hechos similares se repitan?

Mientras tanto, la ciudadanía sigue sin respuestas claras, atrapada entre la inseguridad real y la narrativa oficial que insiste en maquillar la crisis del sistema penitenciario cubano.

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