
Mientras las autoridades celebran el carnaval anual de Santiago de Cuba con bombo y platillo, miles de ciudadanos enfrentan una de las crisis más agudas en medio siglo: apagones prolongados, falta total de agua potable y un abandono gubernamental cada vez más evidente.
Durante más de 30 días, comunidades enteras en la ciudad han estado sin acceso al agua. Barrios como El Caney, Chicharrones, el reparto Sueño y hasta zonas del casco histórico viven una situación desesperada. Sin embargo, el régimen prioriza mantener iluminadas las calles por donde desfilan las comparsas, incluso si eso significa dejar a oscuras los hogares de miles de familias.
Una residente denunció a Periódico Cubano: “En los carnavales, a las 10 de la noche tumban la corriente, y al que agarren vendiendo le pegan multas de 16 mil pesos. El gobierno argumenta que la corriente es para el carnaval y las personas se pasan la madrugada entera sin corriente”. Esta declaración evidencia el castigo al cuentapropismo y el desprecio por las necesidades básicas del pueblo.
Otro testimonio publicado en Facebook resume el malestar generalizado: “El que desconectó a Sueño ayer a las 10:35 y se le olvidó volver a conectar en toda la calurosa noche y madrugada. A los que ya no les importa recoger los desechos que genera el pseudo carnaval, a los que me tienen sin agua, feliz aniversario de la Ciudad de Santiago de Cuba!”.
El contraste entre la realidad y la propaganda oficial no podría ser más grotesco. Mientras la prensa estatal habla de tradición y alegría popular, los santiagueros sufren sin agua, sin electricidad, sin recolección de basura, y con una vigilancia represiva que impone sanciones exorbitantes a quienes intentan ganarse la vida vendiendo productos en la vía pública durante las festividades.
Vecinos del reparto Sueño, donde se celebran algunas de las actividades principales del carnaval, reportan cortes eléctricos diarios sin previo aviso. En barrios periféricos como Chicharrones y El Caney, el servicio eléctrico se reduce a dos o tres horas al día, con apagones de más de 20 horas consecutivas. Todo esto bajo un calor abrasador, sin ventilación, sin refrigeración y sin alternativas.
Lejos de ser una celebración popular, el carnaval santiaguero se ha convertido en una farsa montada por el régimen para vender una imagen de alegría y estabilidad que dista por completo de la realidad. Los recursos públicos se desvían hacia los festejos, mientras el pueblo agoniza en la oscuridad y la sed.
La situación en Santiago de Cuba es insostenible. La ciudad no necesita más congas, necesita agua potable, electricidad estable y respeto por la dignidad de sus habitantes. Pero mientras el poder esté más interesado en la propaganda que en el pueblo, los carnavales serán solo otra máscara del desastre.


un poco de cerveza y musica y se les olvida todo por eso tienen lo que se merecen
dale cerveza y musica y ya no les importa el agua ni la comida ni la corriente