
Cinco años después de convertirse en una de las figuras icónicas de las protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba, Elías Rizo León, el adolescente que apareció sobre una patrulla volcada en La Habana sosteniendo una bandera cubana manchada con su sangre, afirmó desde Madrid que los cubanos continúan abandonando la Isla en busca de libertad y oportunidades.
En una breve entrevista en video concedida a la periodista Mónica Olivera, del medio Árbol Invertido, Elías Rizo afirmó que la represión estatal continúa marcando la vida de quienes participaron en el histórico estallido social del 11J. Además, aclaró una de las interrogantes que ha acompañado durante años la emblemática fotografía: la sangre que manchaba la bandera era suya.
“Me hice un torniquete con la bandera que llevaba escondida debajo de mi pulóver y, cuando la saqué, fue muy significativo verla así. Representaba toda la represión y la sangre que hemos derramado los cubanos”, expresó el joven de 21 años.
Del símbolo del 11J al exilio: la historia de Elías Rizo
Elías Rizo tenía apenas 16 años cuando una fotografía suya, tomada en la esquina de Toyo, en el municipio Diez de Octubre, dio la vuelta al mundo. La imagen se convirtió en uno de los emblemas del 11J, las mayores protestas antigubernamentales registradas en Cuba desde 1959.
Semanas después de las manifestaciones, la Seguridad del Estado comenzó a buscarlo. Según su testimonio, su madre se negó a entregarlo a las autoridades y la familia decidió abandonar el país en agosto de 2021.
Tras una salida hacia Rusia, terminó estableciéndose en España para evitar un proceso judicial similar al que enfrentaron cientos de manifestantes.
Durante una entrevista concedida a elTOQUE el 11 de julio de 2026, en la conmemoración del quinto aniversario de las protestas en Madrid, Rizo aseguró que el principal cambio ocurrido en Cuba desde entonces es la pérdida del miedo.
“Ya nadie puede decir que el pueblo no es capaz de levantarse. El régimen sigue igual o más represivo, pero perdió el monopolio psicológico”, afirmó.
El joven también sostuvo que la migración masiva de cubanos refleja el fracaso del sistema político y económico de la isla. “Los cubanos huyen del comunismo hacia cualquier país del mundo”, señaló.
La represión persiste, pero también la resistencia
Las protestas del 11 y 12 de julio de 2021 dejaron una profunda huella en la sociedad cubana. Miles de personas salieron a las calles para exigir libertad, mejores condiciones de vida y el respeto de los derechos civiles. La respuesta del Gobierno incluyó detenciones masivas, cortes de Internet y el despliegue de fuerzas policiales y militares.
De acuerdo con la organización independiente Justicia 11J, al menos 1.600 personas fueron arrestadas tras las manifestaciones y 337 continúan en prisión por aquellos hechos. Entre ellas, 167 recibieron condenas de diez años o más y la sentencia más severa alcanza los 22 años de cárcel por el delito de sedición.
La investigadora de Amnistía Internacional para el Caribe, Joanna Cilano, denunció recientemente la continuidad de las prácticas represivas en Cuba.
“Seguimos viendo que la respuesta del Estado a la protesta pública y a la exigencia de rendición de cuentas es la represión. Es una política sistemática y generalizada”, declaró a Martí Noticias.
Las presiones también persisten sobre familiares de presos políticos y activistas. Wilber Aguilar Bravo, padre del preso político Walnier Luis Aguilar Rivera, denunció en Facebook la vigilancia de agentes frente a su vivienda: “Así vivimos los que exigimos libertad y vida digna”.
Pese al control estatal, las manifestaciones no han desaparecido. Justicia 11J documentó al menos 614 protestas públicas en Cuba durante lo que va de 2026, incluidas 222 en junio y 34 en la primera semana de julio.
Para Elías Rizo, la resistencia continúa dentro y fuera de la isla: “Los que están presos resisten cada día desde la cárcel. Los que están en Cuba resisten sobreviviendo y hablando cuando pueden. Y los que estamos fuera protestamos con nuestra voz, con nuestro trabajo, con nuestra memoria”.
Cinco años después del 11J, el adolescente de la bandera ensangrentada sostiene que la historia de aquellas jornadas sigue abierta y que la demanda de libertad en Cuba permanece viva entre el exilio, las cárceles y las calles de la Isla.