
Cuba ha llegado a un extremo de atraso tecnológico en el que los métodos de hace siglos son celebrados por las autoridades como avances, debido a la fuerte crisis energética que azota la Isla.
Las autoridades de La Habana del Este comenzaron a instalar 20 bombas manuales para extraer agua y atender a más de 3.000 personas afectadas por las interrupciones del servicio. La medida muestra hasta qué punto la crisis energética cubana está obligando a recuperar métodos que fueron sustituidos por sistemas eléctricos y equipos modernos.
El gobierno municipal presentó las bombas como un sistema de bombeo novedoso. La explicación oficial señala que forman parte de una búsqueda de alternativas para reducir los problemas de abastecimiento.
Sin embargo, el mecanismo generó críticas porque las bombas manuales existen desde hace siglos y su utilización en la capital refleja más una emergencia que un avance tecnológico.
El problema no es solamente la falta de agua. En La Habana, buena parte de los sistemas de distribución dependen de electricidad para funcionar. Cuando los apagones detienen las bombas, el agua deja de llegar a edificios y comunidades.
El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos reconoció que en mayo unas 376.055 personas tenían dificultades para recibir agua regularmente en la capital y que más de 309.000 estaban afectadas directamente por las interrupciones eléctricas.
Para julio, especialistas elevaron la cifra a más de medio millón de habaneros. La situación obliga a las familias a regresar a métodos propios de épocas en las que no existían redes modernas de distribución.
En La Habana del Este, sacar el agua con una bomba manual significa después cargarla en cubos hasta las viviendas. Para quienes viven en edificios altos, la dificultad aumenta porque los apagones también dejan inutilizados los elevadores.
Las autoridades ya habían recurrido a soluciones similares en otros municipios. A finales de julio enviaron seis bombas manuales al Cotorro y movilizaron pipas y cisternas de escuelas para almacenar agua.
En agosto, nuevas averías en el sistema de El Gato volvieron a afectar a La Habana del Este y otras zonas de la capital. El fenómeno forma parte de una crisis más amplia.
Cuba no solo enfrenta problemas para mantener equipos modernos por falta de inversión y deterioro de su infraestructura. La escasez de combustible y electricidad está reduciendo incluso la capacidad de utilizar la tecnología que todavía funciona.
Cuando no hay energía para bombear agua, las familias deben cargarla. Cuando falta combustible para transportar productos, reaparecen carretas y vehículos tirados por animales en distintas zonas. Y cuando cocinar con electricidad o gas se vuelve difícil, aumenta el uso de leña y carbón.
Por eso, la imagen de las bombas manuales tiene un significado que va más allá del agua. Un país que durante décadas presentó sus avances tecnológicos como “logros de la Revolución” ahora utiliza herramientas básicas para cubrir necesidades elementales.
En medio de los apagones, la escasez de combustible y el deterioro de los servicios públicos, partes de la vida cotidiana cubana comienzan a parecerse más a las de otra época que a las de una sociedad con infraestructura moderna.
Las críticas de los residentes reflejan esa contradicción. Algunos consideran que las bombas pueden servir en una emergencia, pero cuestionan que sean presentadas como una solución definitiva.
Para miles de familias, el problema continúa siendo el mismo: no disponer de un suministro estable de agua potable sin tener que depender de cubos, pipas o sistemas manuales.
La crisis energética termina así afectando servicios básicos que dependen de ella. Sin electricidad no funcionan las bombas, sin combustible se dificulta el transporte y sin mantenimiento las redes se deterioran.
El resultado es un retroceso en las condiciones de vida que obliga a los cubanos a resolver necesidades del siglo XXI con herramientas que pertenecen a tiempos mucho más antiguos.

