
Una audiencia del Congreso de Estados Unidos titulada “América Latina después de la caída de Maduro” debatió como tema central la presión de la Casa Blanca hacia Cuba con miras a un cambio de régimen en la Isla.
En el encuentro participaron funcionarios del Departamento de Estado (DOS, por sus siglas en inglés) y miembros del Subcomité para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes de EEUU.
El momento más tenso se produjo cuando los congresistas preguntaron directamente si Washington está negociando con dirigentes cubanos. Michael Kozak, actual alto funcionario de la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental y antiguo jefe de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana, se negó a entrar en detalles.
Su respuesta fue breve, pero dejó abierta la puerta a conversaciones reservadas. “Si se quiere llegar a alguna parte con conversaciones de este tipo, no se hacen en público”, dijo el funcionario.
La postura de Kozak tampoco fue blanda en el plano discursivo. El funcionario llegó al Capitolio con un testimonio escrito que refuerza la línea dura del gobierno estadounidense hacia La Habana.
Según ese documento, tras la caída de Maduro, Cuba perdió a uno de sus últimos benefactores y enfrenta un momento que exigiría reformas drásticas. Esa valoración conecta con la presión creciente sobre un sistema agotado, sostenido más por control político que por resultados económicos.
El demócrata Joaquín Castro, por el estado de Texas, señaló que la política de Washington también ha influido en la situación cubana, y dejó en claro que espera “elecciones libres y justas” y reformas económicas en el país.
La republicana María Elvira Salazar fue la voz más dura de la jornada. En sus palabras de apertura, divulgadas por el Comité de Asuntos Exteriores, afirmó que “el régimen comunista en Cuba está con soporte vital” y sostuvo que el presidente Donald Trump “solo tiene que desconectarlo”.
La congresista insistió en que no debe haber acuerdos que prolonguen la permanencia del aparato de poder construido por la familia Castro, una estructura que durante décadas ha bloqueado cualquier apertura democrática real en la Isla.
La postura de Cuba respecto a conversaciones con EEUU
En contraparte, la cúpula comunista ha asegurado la existencia de conversaciones, pero con ciertas condiciones. El 20 de marzo, el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío aseguró que el sistema político cubano “no es objeto de negociación” y que ni el presidente ni ningún dirigente forman parte de una eventual discusión con Washington.
Esa misma línea fue reiterada por Miguel Díaz-Canel. En una entrevista difundida por NBC, el gobernante cubano pidió diálogo con la administración de Trump, pero sin aceptar condiciones ligadas a un cambio político.
Asimismo, afirmó que no está dispuesto a ceder ante presiones externas, una señal de que el régimen busca alivio y reconocimiento sin desmontar el modelo que ha llevado al país a una crisis estructural cada vez más visible.
En paralelo, filtraciones a medios como USA TODAY señalan que la administración de Donald Trump estaría en preparativos para una acción militar en Cuba que podría ser similar a la ocurrida en Venezuela, cuando fuerzas estadounidenses capturaron al expresidente de este país, Nicolás Maduro.