
Kyle Kennedy, nieta del senador Robert F. “Bobby” Kennedy, murió a los 42 años en su residencia de Westwood, Massachusetts, el 21 de septiembre de 2026. La educadora y defensora de los derechos de las personas con discapacidad había vivido desde 2020 con una lesión medular que le provocó parálisis y complicaciones de salud.
Su muerte nuevamente aviva la llamada “Maldición de los Kennedy”, familia cuyos integrantes han fallecido relativamente jóvenes y en diferentes circunstancias, donde resalta el asesinato de su tío abuelo John F. Kennedy.
Su obituario, publicado por Burke Funeral Homes, confirmó el fallecimiento y destacó su dedicación a la enseñanza y a sus hijos. La causa de muerte no fue divulgada, por lo que no corresponde atribuirla directamente a la lesión.
Nacida el 6 de julio de 1984 en Washington D. C., Kyle era hija de Michael Kennedy y Victoria Denise Gifford. Por su padre pertenecía a la familia política; por su madre era nieta del exjugador de fútbol americano Frank Gifford. Fue una de los 34 nietos de Robert y Ethel Kennedy.
Una carrera centrada en la educación y la discapacidad
Kyle estudió Historia en la Universidad de Georgetown y comenzó a enseñar en Nueva York mediante Teach For America, un programa que trabaja con escuelas de comunidades desfavorecidas. Después obtuvo una maestría en Educación Temprana en Pace y otra en Política Educativa y Gestión en Harvard.
Su trayectoria se concentró en ampliar las oportunidades educativas de niños vulnerables. Trabajó con empresas tecnológicas en la reforma de contenidos escolares y asesoró a educadores. También defendió una enseñanza primaria más equitativa y el modelo de escuelas chárter, según la semblanza familiar.
La lesión medular de 2020 transformó su vida cotidiana y reforzó su compromiso con los derechos de las personas con discapacidad. Entre sus intervenciones públicas figuró un testimonio ante legisladores de Massachusetts sobre la discriminación en la atención médica. Su familia recordó su esfuerzo por conservar el humor y mantenerse presente en la crianza de sus hijos.
Kyle deja a Conor, de 12 años, y Declan, de 10. También le sobreviven su madre, sus hermanos Michael y Rory y sus sobrinos. Los servicios funerarios se celebraron de manera privada, de acuerdo con la información divulgada sobre su despedida.
Las pérdidas que marcaron su historia personal
La muerte de su padre llegó cuando Kyle tenía 13 años. Michael Kennedy, sexto de los once hijos de Robert y Ethel, falleció el 31 de diciembre de 1997, a los 39 años, después de estrellarse contra un árbol mientras esquiaba en Aspen, Colorado.
Michael jugaba al fútbol americano sobre esquís con familiares. El accidente dejó a sus tres hijos sin padre y se incorporó a una sucesión de muertes prematuras que acompañaba al apellido Kennedy desde décadas anteriores.
Kyle también perdió a su hija Josephine, conocida como Josie, al comienzo de su vida. La pequeña era melliza de Conor. Posteriormente, nació Declan, su segundo hijo varón. El obituario identifica a Liam Kerr, padre de los niños, como su exesposo.
La pareja se había casado en agosto de 2012 en el hotel Fairmont Copley Plaza de Boston. La boda recibió atención mediática por la asistencia de Taylor Swift, entonces novia de Conor Kennedy, primo de Kyle.
¿Qué hay detrás de la llamada “Maldición de los Kennedy”?
La expresión “Maldición de los Kennedy” reúne asesinatos, accidentes y otras muertes tempranas ocurridas en varias generaciones y cada tragedia tuvo circunstancias particulares.
Entre las primeras pérdidas estuvo Joseph P. Kennedy Jr., hermano mayor del futuro presidente, muerto a los 29 años durante una misión militar en 1944. En 1948, su hermana Kathleen, conocida como “Kick”, falleció a los 28 años en un accidente aéreo en Francia.
Las tragedias de mayor impacto político fueron los asesinatos del presidente John F. Kennedy, a los 46 años, en Dallas en noviembre de 1963, y de Robert F. Kennedy, a los 42, en junio de 1968. El senador murió tras ser atacado en Los Ángeles durante su campaña presidencial.
Las siguientes generaciones también sufrieron pérdidas. David Kennedy murió por una sobredosis en 1984, a los 28 años. John F. Kennedy Jr. falleció a los 38 en un accidente aéreo en 1999, junto con su esposa Carolyn y su cuñada Lauren. En 2019, Saoirse Kennedy Hill murió a los 22 por una sobredosis accidental.
En abril de 2020, Maeve Kennedy McKean, de 40 años, y su hijo Gideon, de ocho, murieron después de salir en una canoa en la bahía de Chesapeake. La recuperación de sus cuerpos confirmó otra tragedia que afectó a descendientes de Robert Kennedy.