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Corrupción chavista estaría detrás de la mala calidad de edificios en Venezuela

Un edificio en ruinas tras el terremoto del 24 de junio en Venezuela.
Los edificios hechos y mantenidos por el chavismo no cumplían las normas de seguridad y no soportaron el terremoto. (Foto © Rafael Lander/ Periódico Cubano)

La corrupción del gobierno comunista de Venezuela podría haber sido una de los factores que más víctimas mortales provocó durante los terremotos que azotaron el país el pasado 24 de junio.

De acuerdo con un reportaje de la cadena estadounidense CNN, el hecho de que el gobierno chavista –heredado por Maduro- sea el único encargado de la planeación, construcción y mantenimiento de edificios en el país, podría llevar a la omisión de normas de seguridad en su elaboración y monitoreo.

Es decir, sin nadie que vigilara al gobierno durante décadas, y confiados en que Venezuela no era una zona en la que se registraran temblores de la magnitud del terremoto de la semana pasada, es probable que se hayan hecho omisiones en cuestión de seguridad en las construcciones, que derivaran en su derrumbe durante el siniestro.

Mientras continúan las labores de rescate entre edificios colapsados y zonas destruidas, las cifras sobre fallecidos y afectados siguen aumentando y también han surgido diferencias entre datos oficiales y estimaciones externas sobre la magnitud real de la tragedia.

Los dos fuertes sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5, provocaron derrumbes en Caracas, La Guaira y otras zonas del país. Autoridades venezolanas informaron inicialmente cifras menores de víctimas, pero con el paso de los días el número oficial aumentó hasta superar los 1.400 fallecidos y más de 3.000 heridos.

Sin embargo, informes citados por France 24 y datos manejados por sectores opositores indican que el impacto podría ser mucho mayor, con al menos 1.900 muertos confirmados, decenas de miles de desaparecidos y cerca de 59.000 estructuras dañadas o destruidas.

En este escenario, especialistas han señalado que parte de la destrucción puede estar relacionada con problemas acumulados durante años. Entre ellos aparecen el deterioro de edificios antiguos, la falta de mantenimiento y falta de adaptaciones antisísmicas en los edificios.

También han surgido cuestionamientos sobre la supervisión de obras y el estado real de numerosos complejos residenciales construidos décadas atrás.

 

La situación ha generado nuevas discusiones sobre el impacto que pueden tener años de crisis económica y corrupción en infraestructuras públicas.

Organizaciones internacionales ubican a Venezuela entre los países con mayores problemas de percepción de corrupción dentro del sector público, una situación que analistas consideran puede afectar el mantenimiento de servicios y edificaciones.

La situación, en ese aspecto, se asemeja a la de Cuba, donde durante años el deterioro progresivo de miles de viviendas y edificios antiguos ha culminado en derrumbes con víctimas, sobre todo en La Habana, donde están los barrios de más antigüedad.

Aunque las autoridades suelen atribuir los derrumbes al paso del tiempo o a condiciones estructurales heredadas, residentes y especialistas han señalado la falta de inversiones sostenidas en inmuebles con décadas de deterioro, en un país donde el común de la población no puede costear materiales para hacer arreglos ellos mismos, además de que estos rara vez están disponibles.

Casos registrados en La Habana muestran episodios mortales ocurridos tras colapsos parciales o totales de edificios residenciales. Entre ellos figuran derrumbes en municipios como Centro Habana y Habana Vieja, donde viviendas antiguas cedieron mientras familias permanecían en su interior.

Tanto en Venezuela como en Cuba, estos edificios hechos por el comunismo y con poco o nulo mantenimiento por su parte, han mostrado no soportar los fenómenos naturales, incluso de menor intensidad, como el reciente temblor de apenas 5 grados en Cuba.

La emergencia venezolana ha vuelto a colocar atención sobre un problema que afecta a varios países con crisis prolongadas: la vulnerabilidad de infraestructuras envejecidas y la dificultad para realizar inversiones preventivas antes de que ocurran desastres naturales.

Mientras continúan las búsquedas entre los escombros, miles de personas permanecen desplazadas y las autoridades siguen evaluando la magnitud total de los daños.

 

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