
La ganadería en Cuba atraviesa un momento crítico, en medio de una aguda crisis alimentaria que continúa deteriorándose y la reducción del hato bovino en casi 200.000 cabezas en una sola década, que compromete cada vez más la producción de carne y leche.
Datos publicados por el periódico oficialista Vanguardia muestran una caída sostenida del número de reses, una elevada mortalidad de animales y el incumplimiento de los planes oficiales para recuperar el sector.
Hace diez años, Villa Clara contaba con alrededor de 519.000 cabezas de ganado y era una de las principales provincias productoras de leche del país.
Sin embargo, hasta junio de 2026 el inventario había descendido a 337.960 reses, lo que representa una pérdida de más de 181.000 animales en una década.
La situación sigue empeorando. En los primeros meses del año se registraron 8.807 muertes de ganado bovino y nacieron 15.091 terneros, aunque 3.077 de ellos murieron poco después.
La tasa de natalidad apenas alcanzó el 67,6 % hasta mayo, mientras que uno de cada cinco terneros falleció por desnutrición, falta de alimento o carencia de medicamentos veterinarios.
El propio reporte oficial atribuye el deterioro a la falta de pastos, la escasez de agua, la ausencia de combustible para transportar recursos y las deficiencias de infraestructura agrícola, como pozos, molinos de viento y sistemas de riego.
También reconoce que la expansión del marabú ha reducido las áreas destinadas al pastoreo y que los planes anunciados para sembrar 4.000 hectáreas de forraje difícilmente podrán cumplirse por falta de semillas, combustible e insumos.
La crisis ganadera ocurre en paralelo con el agravamiento de la escasez de alimentos que afecta a la población cubana. Productos básicos como el aceite, el pollo o la carne vacuna son prácticamente inaccesibles para la mayoría de los ciudadanos debido a los altos precios, la escasa oferta y la venta de numerosos alimentos únicamente en tiendas que operan en divisas.
En consecuencia, buena parte de esos productos termina revendida en el mercado informal a precios muy superiores al alcance del salario promedio.
Productores agropecuarios y especialistas también han señalado que muchos campesinos carecen de pienso, medicamentos veterinarios, combustible, equipos y financiamiento para mantener sus rebaños.
Sin esos recursos, aumenta la mortalidad del ganado y disminuye la producción, lo que agrava aún más el desabastecimiento de carne y leche.
Al mismo tiempo, el Estado mantiene una de las legislaciones más severas contra el sacrificio ilegal de reses. Durante 2025 se reportaron unas 9.000 bajas por robo y sacrificio clandestino en Villa Clara y, entre enero y mayo de este año, se contabilizaron 3.476 hechos delictivos relacionados con el ganado. Esta misma semana, cinco hombres fueron detenidos en Cárdenas, Matanzas, cuando sacrificaban ilegalmente tres reses.
La combinación de controles estrictos y falta de apoyo al sector ha generado una situación contradictoria. Los ganaderos enfrentan dificultades para alimentar y mantener vivos sus animales, mientras las restricciones impiden que la carne llegue con mayor facilidad al mercado.
Como resultado, disminuye el número de reses disponibles, la producción continúa cayendo y la carne vacuna sigue siendo uno de los alimentos más escasos para las familias cubanas.
A nivel nacional, el Ministerio de la Agricultura reconoce que Cuba perdió más de 900.000 cabezas de ganado entre 2019 y 2024, una tendencia que mantiene en retroceso a una actividad considerada durante décadas estratégica para la alimentación del país.