
El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Cuba sufrió una caída crítica este viernes tras la salida simultánea de la unidad 8 de la Central Termoeléctrica (CTE) Máximo Gómez y la CTE Antonio Guiteras.
El fallo reduce drásticamente la capacidad de generación base, disparando las afectaciones en todo el territorio nacional por causas aún bajo investigación.
La Unión Eléctrica (UNE) confirmó que la planta ubicada en Mariel, Artemisa, salió del sistema por motivos desconocidos. Paralelamente, la CTE Antonio Guiteras, situada en Matanzas, detuvo sus operaciones debido a un salidero en su caldera.
Ambas centrales funcionan como pilares del SEN, inyectando energía a una red interconectada. La desconexión de estos bloques genera un desequilibrio inmediato entre la oferta y la demanda, obligando a la UNE a implementar cortes prolongados para evitar un desplome total del sistema.
La situación resulta especialmente grave por la relevancia de la Guiteras. Esta planta es el bloque unitario más grande y eficiente de la nación. Su salida representa una pérdida de aproximadamente 250 MW, un vacío que el sistema apenas logra gestionar.
Los expertos advierten que esta desconexión podría elevar el déficit de generación por encima de los 2,000 megavatios durante las horas de máxima demanda. Este escenario eleva el riesgo de un colapso eléctrico nacional o ‘cero eléctrico’.
Las consecuencias directas afectan la cotidianidad de millones de cubanos. Los cortes de luz se intensifican de inmediato y, en diversas provincias, se prevé que las interrupciones superen las 12 o 20 horas continuas.
El impacto se extiende más allá de la iluminación. La falta de energía paraliza el bombeo de agua potable y la red de telecomunicaciones. Asimismo, la industria nacional detiene su producción ante la ausencia de respaldo eléctrico.
La inestabilidad provoca pérdidas materiales significativas en los hogares. La interrupción del fluido eléctrico compromete la refrigeración de alimentos, agravando la compleja situación económica que atraviesa la población.
Aunque las averías ocurren en el occidente, el impacto no se limita a esa región. La UNE aplica una distribución del déficit que suele castigar con mayor severidad a las provincias centrales y orientales.
Según explican, el objetivo de esta medida es proteger la estabilidad operativa de la capital, concentrando allí la prioridad de suministro.
Esta estrategia busca evitar un apagón generalizado a costa de prolongar la oscuridad en el resto del país.
Hasta el momento, no existe un cronograma preciso para la reincorporación de los bloques. La recuperación de ambas unidades es vital para reducir la brecha entre la generación disponible y la demanda real.