
El 19 de septiembre, el gobierno cubano publicó en la Gaceta Oficial la Resolución 106/2025 elaborada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), que establece las bases legales para incursionar en el mercado de carbono y con ello generar millones de dólares en ingresos. Todo eso pese a que el régimen comunista había criticado con anterioridad ese mecanismo.
Según la resolución, el objetivo es atraer inversiones, impulsar el desarrollo de tecnologías limpias y generar empleos verdes. La Dra. Odalys Goicochea, directora de Medio Ambiente del CITMA, explicó que la medida busca mejorar la calidad de vida de las comunidades cercanas a los ecosistemas protegidos, al tiempo que favorece la transferencia de tecnologías eficientes y la creación de empleos sostenibles.
¿Cómo funciona el mercado de carbono?
El mercado de carbono es una herramienta clave en la lucha contra el cambio climático. En este sistema, los países y empresas compran créditos que representan toneladas de dióxido de carbono que han sido eliminadas o reducidas.
Los créditos se emiten cuando se implementan proyectos que reducen la huella de carbono, como la reforestación, el uso de energías renovables o la mejora de la eficiencia energética.
Existen dos tipos de mercados: los regulados, que están impuestos por leyes nacionales o regionales, y los voluntarios, donde las empresas o individuos compensan sus emisiones por razones sociales o de reputación. Básicamente, las empresas que más contaminan dan dinero a países de bajos recursos para que lo utilicen generando energías limpias, lo cual en teoría compensaría la huella de carbono dejada por los que financian los proyectos.
El mercado de carbono, originado en el Protocolo de Kioto en 1997, ha evolucionado a lo largo de los años. En la actualidad, la venta de créditos de carbono se ha convertido en una fuente significativa de financiamiento para los países en desarrollo. En 2023, los créditos de carbono de los países menos adelantados alcanzaron 403 millones de dólares, lo que representó solo el 1% de la ayuda bilateral para el desarrollo.
Para el régimen castrista, que atraviesa una severa crisis económica, participar en este mercado abre la puerta a nuevas oportunidades de ingresos en divisas y la posibilidad de acceder a tecnologías más limpias y eficientes, vitales para enfrentar la crisis energética que afecta al país.
A pesar de las oportunidades que presenta el mercado de carbono, existen desafíos. El debate ético en torno a la efectividad de estos sistemas ha sido intenso. Críticos argumentan que el mercado puede incentivar la compra de permisos de emisión en lugar de reducir las emisiones reales.
Por ello, la Dra. Goicochea subrayó la importancia de garantizar un riguroso control y transparencia en los proyectos que se certifiquen, para evitar posibles abusos y corrupción. Según el oficialismo, la participación de Cuba en este mercado debe ser monitoreada para asegurar que las reducciones de emisiones sean reales y adicionales.
Goicochea explicó que Cuba puede contribuir al cambio climático desde sus propias capacidades y condiciones. En este contexto, el país está comprometido con la conservación de su biodiversidad, la reducción de la dependencia de combustibles fósiles y la mejora del bienestar de su población.
Rudy Montero, viceministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, destacó que la inserción de Cuba en el mercado de carbono se centrará en áreas clave como los bosques, la gestión de residuos, la energía y el “carbono azul”, relacionado con los ecosistemas marinos y costeros.