
Cuba destina 1.000 cerdos para mover cinco ómnibus de transporte urbano en Martí, municipio de Matanzas, mediante una técnica que transforma excretas porcinas en combustible vehicular.
El sistema recoge esos residuos orgánicos desde una cochiquera cercana, los procesa en un biodigestor y luego depura el gas obtenido hasta convertirlo en biometano, apto para motores reconvertidos.
La iniciativa, que contó con la ayuda económica de la Unión Europea, busca sostener rutas de pasajeros con una fuente alternativa de energía ante la crisis de combustible que atraviesa la Isla. Sin embargo, el diseño del sistema enfrenta un problema central: la granja solo tiene una fracción de los animales para los que fue diseñada. Se teme que no haya suficiente excreta para generar el biometano.
La técnica parte de un principio conocido en ingeniería de residuos: aprovechar materia orgánica para generar gas por digestión anaerobia. En este caso, las excretas de los cerdos llegan por drenaje a un sistema de filtrado y luego a un tanque homogeneizador, donde se mezclan y se separan partículas sólidas antes de ser bombeadas hacia el biodigestor
Cómo convierten excretas porcinas en combustible para ómnibus
El biodigestor es la pieza central del proyecto. Se trata de una estructura de siete metros de profundidad, equipada con dos agitadores y cubierta por una carpa de goma que favorece la generación de gas.
Su capacidad de almacenamiento alcanza 3.000 metros cúbicos, dentro de una capacidad total de 4.000, y puede bombear hasta 18.000 metros cúbicos. Además, el residuo final del proceso no se desecha, sino que se reutiliza como fertilizante orgánico en sus fracciones líquida y sólida.

El gas generado no se consume en el mismo punto donde se produce. El proyecto incluye una tubería soterrada de 11 kilómetros, instalada a un metro y medio de profundidad, que transporta el biogás hasta la planta de biometano y la estación de llenado, ubicadas en el consejo popular Esteban Hernández.
Allí confluyen los ductos procedentes de los dos principales centros porcinos del territorio. Antes de entrar en la fase de limpieza, el flujo se concentra en un conducto único que alimenta dos gasómetros de 60 metros cúbicos cada uno.
La parte más especializada del sistema consiste en elevar la concentración de metano del biogás hasta cerca del 90 %. Para eso se emplean membranas, válvulas hidráulicas, filtros y otros equipos de depuración en varias etapas.
El objetivo es retirar CO2, agua, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno y sulfuro de hidrógeno, entre otros compuestos, hasta obtener un combustible más estable para su uso en vehículos. La planta también dispone de paneles de control y una zona de supervisión para ajustar el proceso en tiempo real.
La instalación está diseñada como una planta automática de producción continua, con capacidad máxima de 150 metros cúbicos por hora. La estación de llenado cuenta con dos dispensadores, uno para ómnibus y otro para vehículos pequeños.
El sistema puede almacenar 1.800 kilogramos de combustible y suministrar 60 kilogramos de biometano en diez minutos. Según la descripción del proyecto, esa carga basta para que un autobús recorra unos 300 kilómetros, lo que permite dimensionar la relación entre tiempo de carga, autonomía y frecuencia del servicio.
Un llenado de 50 metros cúbicos sería suficiente para sostener tres viajes diarios dentro del municipio. El principal problema no se encuentra en la tecnología de depuración ni en la estación de carga que es de procedencia extranjera, sino en la falta de materia prima suficiente.
La cochiquera vinculada al sistema tiene solo 1.000 cerdos, aunque fue concebida para 15.000. Esa brecha reduce la disponibilidad de excretas y obliga a buscar otras fuentes de biomasa, como desechos vacunos, ovinos e incluso sargazo.

