
El papa Francisco visitó Cuba en dos ocasiones durante su pontificado, convirtiendo a la Isla en el único país del mundo con ese privilegio. El líder de la Iglesia Católica, fallecido el 21 de abril de 2025 a la edad de 88 años, realizó 47 viajes fuera de Italia y visitó 66 naciones en total, incluyendo siete giras por América Latina. Sin embargo, fue Cuba —donde apenas un 5% de la población se declara católica— el país que más veces lo recibió en la región.
La primera visita del pontífice argentino a Cuba ocurrió del 19 al 22 de septiembre de 2015, en un contexto marcado por el deshielo diplomático entre Estados Unidos y el régimen comunista. El jesuita argentino, mediador clave en el proceso, ofició una misa multitudinaria en la Plaza de la Revolución de La Habana, se reunió con Fidel Castro y presidió ceremonias religiosas en Holguín y Santiago de Cuba.
Ese mismo viaje incluyó un simbólico traslado desde Santiago de Cuba hasta Washington D.C., reforzando su apoyo al proceso de normalización bilateral anunciado por Obama y Raúl Castro el 17 de diciembre de 2014, fecha coincidente con el cumpleaños del pontífice. Su presencia en Cuba fue vista como un respaldo a las gestiones diplomáticas impulsadas por el Vaticano.
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— Jesús Miguel Medina (@nightniebla1) April 21, 2025
La segunda visita de Francisco a Cuba fue en 2016, cuando aprovechando su viaje oficial a México hizo una breve escala en La Habana para reunirse con Kiril, el patriarca de la iglesia ortodoxa rusa.
Fue la primera vez que un papa católico y un patriarca ortodoxo ruso se encontraban cara a cara desde el cisma de 1054, que separó a la Iglesia de Oriente y Occidente. La cita tuvo lugar en el aeropuerto José Martí y se extendió por más de dos horas, al final de las cuales ambos líderes religiosos firmaron una declaración conjunta que abogaba por la unidad de los cristianos y la defensa de los valores tradicionales frente a los desafíos del mundo moderno. Este histórico gesto de acercamiento interreligioso situó a Cuba en el centro del mapa diplomático del Vaticano.
Analistas como Juan Vicente Boo, en declaraciones para el diario argentino La Nación, interpretan que el pontífice buscaba favorecer la reconciliación social. Su cercanía con el régimen fue vista por algunos sectores como complicidad, mientras otros señalaron que sus gestos diplomáticos buscaban evitar una mayor polarización.
Durante su visita de 2015, Francisco no se reunió con disidentes del gobierno. Según explicó, la decisión fue tomada para evitar audiencias de carácter político. Afirmó que saludó a varios fieles en la Catedral de La Habana, sin saber si entre ellos había opositores.
En su primer viaje a Cuba, Francisco sostuvo un encuentro privado con el dictador Fidel Castro. Según el Papa, conversaron sobre temas ambientales y sobre su encíclica Laudato Si’, pero no abordaron la represión contra la Iglesia. Francisco explicó que el arrepentimiento es un asunto íntimo y que prefirió enfocarse en mensajes de unidad.
Su actitud no gustó nada al núcleo duro del exilio cubano, quien lo llegó a catalogar como “el Papa comunista”.
La “dictadura grosera” y los silencios del Vaticano
El Papa Francisco tardó años en pronunciarse claramente sobre regímenes autoritarios en América Latina. En 2023 calificó al gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua como “una dictadura grosera”. En 2024, al ser consultado sobre Venezuela, declaró: “Las dictaduras no sirven y terminan mal antes o después, leyendo la historia”.
Aun así, nunca visitó su natal Argentina ni países como Uruguay o Venezuela. La razón oficial fue que no quería que sus viajes fueran interpretados como apoyo a sectores políticos específicos. Su elección por Cuba, en cambio, evidenció una preferencia por escenarios donde la diplomacia vaticana pudiera desplegar influencia directa.
Tres papas en menos de 25 años: Cuba y la Iglesia
Antes del pontificado de Francisco, Cuba ya había sido escenario de dos visitas papales que marcaron momentos clave en la relación entre la Iglesia Católica y el régimen cubano. En enero de 1998, Juan Pablo II se convirtió en el primer Papa en pisar suelo cubano, en una visita que fue interpretada como un intento de acercamiento entre el Vaticano y un gobierno oficialmente ateo.
Durante su estancia, el pontífice polaco se reunió con Fidel Castro, celebró misas multitudinarias y pronunció discursos que apelaban a la libertad religiosa y a la apertura social.
Catorce años después, en marzo de 2012, el entonces Papa Benedicto XVI viajó a Cuba con motivo de los 400 años del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona nacional. Su visita incluyó un encuentro con Raúl Castro y reafirmó el papel de la Iglesia como actor espiritual y mediador en un país marcado por la represión ideológica.