
El Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) registró un incremento sin precedentes en las protestas, denuncias y acciones cívicas en Cuba durante el mes de junio de 2025, con un total de 745 eventos.
La cifra refleja un entorno de creciente descontento social, donde las protestas contra el gobierno cubano se intensificaron debido a factores como los prolongados apagones diarios y una drástica subida en los precios de los datos móviles.
El fenómeno más destacado del mes fueron los 283 desafíos directos al Estado policial, casi el doble de la cifra anterior de 159. Estos actos de desobediencia civil fueron provocados, principalmente, por el agotamiento social derivado de los apagones que duraron más de 20 horas diarias.
Sin embargo, la razón de mayor enojo fue la subida repentina en los precios de los datos móviles de internet, lo que ha dejado a muchos cubanos con un acceso a la red cada vez más limitado y costoso. La escasa cuota de 6 gigabytes mensuales se ha convertido en el único paquete asequible en moneda nacional, exacerbando la frustración popular.
Los jóvenes universitarios jugaron un papel fundamental en esta ola de protesta. Aproximadamente 25 facultades a lo largo de la Isla emitieron comunicados en los que exigían no solo un acceso asequible a internet para sus estudios, sino que demandaron su derecho al acceso libre a la información.
A través de redes sociales, activistas, artistas y académicos se unieron al rechazo de estas políticas, brindando apoyo a los estudiantes y destacando la injusticia del sistema.
El descontento también se reflejó en 41 actos de graffiti antigubernamentales que se distribuyeron por diversas ciudades, incluyendo La Habana, Santiago de Cuba y Santa Clara. Los mensajes, que clamaban por la “Libertad” y la renuncia del gobierno, como expresión de rechazo al régimen, sin miedo a que estos actos pueden acarrear condenas de hasta 9 años de prisión.
Además de la ola de protestas, la crisis energética y los servicios públicos estuvieron en el centro de las quejas ciudadanas. En junio, el déficit de electricidad se mantuvo entre 1,500 y 1,900 megavatios, lo que disparó la frecuencia y duración de los apagones, incluso alcanzando las 24 horas en varias localidades.
Las autoridades, lideradas por Miguel Díaz-Canel, culparon al consumo de los cubanos, lo que agudizó la indignación. Por su parte, las protestas por la escasez de agua también fueron numerosas, especialmente en áreas como Santiago de Cuba y La Habana.
En el ámbito social, la inseguridad ciudadana se agravó, con 62 denuncias por violencia social y criminal, entre ellas, asesinatos y robos. Este aumento en la violencia también estuvo marcado por la desprotección por parte de las autoridades, quienes no han logrado frenar el auge de los delitos.
Los problemas de abastecimiento alimentario, la inflación y la falta de medicamentos también aumentaron el malestar popular. El racionamiento de alimentos, la escasez de productos básicos como la harina de trigo y el arroz, junto con los precios exorbitantes de los productos en las tiendas controladas por los militares, contribuyeron a un empobrecimiento generalizado.
Para culminar, las protestas no solo se limitaron a cuestiones económicas y sociales, sino que también se extendieron a la salud pública. La falta de medicamentos y las deficiencias en los hospitales públicos, que ya se encuentran al borde del colapso, generaron más de 28 quejas por parte de ciudadanos desesperados por la ineficacia del sistema de salud.
La situación en Cuba se torna cada vez más tensa y previsible de cara al verano de 2025, con una temporada que, más allá del calor climático, traerá consigo una escalada de enfrentamientos entre la ciudadanía y el régimen.

