
Empresarios cubanoamericanos con grandes fortunas y conexiones políticas llevan meses reuniéndose en Miami para diseñar planes económicos y jurídicos destinados a una eventual Cuba poscomunista, según una investigación publicada este lunes por The Wall Street Journal.
Las propuestas abarcan la creación de una bolsa de valores en La Habana, fondos privados para financiar proyectos, la reparación de la infraestructura nacional y un gobierno provisional encargado de preparar elecciones libres. Sin embargo, se trata de iniciativas condicionadas a una caída o transformación profunda del actual régimen, no de proyectos cuya ejecución esté garantizada.
Una bolsa de valores y fondos privados para reconstruir Cuba
Una de las figuras principales es Juan Omar Sixto, de 82 años, quien preside la recién creada Cámara Nacional de Comercio Cubanoamericana. La organización ha elaborado un programa de trabajo que propone restablecer la Bolsa de Valores de Cuba, organizar en La Habana un congreso de multinacionales e inversionistas y contactar a bancos, fondos y grandes compañías estadounidenses.
El grupo también estudia vehículos financieros para canalizar el dinero de familias adineradas de origen cubano. Entre las alternativas aparecen fondos de capital privado, sociedades creadas para proyectos específicos y acuerdos entre inversionistas interesados en sectores como energía, bienes raíces, turismo, transporte y telecomunicaciones.
El proyecto de una bolsa habanera requeriría, según sus promotores, derechos de propiedad claramente definidos, tribunales independientes, contratos ejecutables, estados financieros auditados y una entidad reguladora similar a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.
Sus documentos también plantean que empresas estatales privatizadas puedan cotizar públicamente, permitiendo que ciudadanos cubanos compren acciones. La propuesta intenta evitar que la transferencia de activos termine concentrada exclusivamente en una nueva élite económica, uno de los riesgos observados durante otras transiciones poscomunistas.
Jorge Mas calcula una inversión inicial de 90.000 millones de dólares
Otro protagonista citado por The Wall Street Journal es Jorge Mas, multimillonario cubanoamericano, copropietario del Inter Miami y presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana. Mas afirmó que Donald Trump le preguntó cuánto costaría reconstruir Cuba.
El empresario estimó que serían necesarios unos 90.000 millones de dólares durante los primeros tres años de transición. Aseguró que reunir esa cantidad sería posible mediante inversiones de empresarios cubanoamericanos y otros actores privados.
Mas trabaja además con la Asociación de Abogados Cubanoamericanos de Miami en un proyecto de ley de transición. El borrador contempla un gobierno provisional que tendría hasta dos años para organizar elecciones libres. Paralelamente, otros sectores del exilio debaten si debería restaurarse temporalmente la Constitución cubana de 1940 mientras se redacta una nueva carta magna.
El interés empresarial ocurre mientras la administración estadounidense aumenta la presión sobre La Habana. Marco Rubio anunció recientemente sanciones contra entidades militares y del sector cubano del níquel.
Al mismo tiempo, han surgido versiones sobre posibles negocios dentro de la Isla. Una investigación anterior señaló que ejecutivos vinculados a la Organización Trump habrían conversado en La Habana con “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro. No se ha confirmado públicamente la firma de acuerdos derivados de esos contactos.
Infraestructura cubana y críticas por excluir a los residentes de la Isla
Los equipos reunidos en Miami analizan cómo reparar aeropuertos, redes de agua, viviendas, hospitales y el deteriorado sistema eléctrico. Algunos ingenieros estudian plantas flotantes de generación como solución temporal, mientras otros proponen priorizar subestaciones, transmisión, almacenamiento energético y servicios esenciales.
La magnitud del desafío quedó nuevamente expuesta por las prolongadas interrupciones eléctricas y la crisis del sistema energético nacional.
El reportaje advierte, no obstante, que la población residente en Cuba permanece prácticamente ausente de estas discusiones. Más de un millón de personas, muchas de ellas jóvenes, abandonaron el país desde 2021, mientras dentro de la Isla no existen organizaciones opositoras legalmente reconocidas capaces de participar abiertamente en la elaboración de una transición.
Sixto dijo que pretende reclutar voluntarios cubanoamericanos para enseñar prácticas del capitalismo moderno a los residentes cuando termine el actual sistema. También formuló comentarios despectivos sobre la preparación de quienes viven en Cuba, lo que puede alimentar cuestionamientos sobre quién tendría derecho a decidir el futuro político y económico del país.
Por ahora, los planes reflejan la preparación y las expectativas de determinados sectores del exilio. Su viabilidad dependería de un cambio político que todavía no ha ocurrido, del consentimiento de los cubanos dentro de la Isla y de la creación de garantías legales capaces de impedir corrupción, apropiaciones privilegiadas y una nueva concentración de la riqueza.