
La Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en Holguín, Cuba, se encuentra en el ojo del huracán tras una contundente denuncia ciudadana publicada en la página La Tijera, donde se exponen presuntos actos de corrupción, abuso de poder y relaciones turbias entre miembros de la fuerza policial y elementos delictivos.
Los testimonios, provenientes de vecinos y testigos locales, según se dice en la mencionada página, revelan una estructura podrida desde sus cimientos, donde el uniforme sirve más como escudo de impunidad que como símbolo de protección ciudadana.
Uno de los principales señalados es Ernesto Ruffa, jefe de sector, acusado de mantener vínculos con delincuentes, utilizar vehículos oficiales para asuntos personales y aprovechar su cargo para encubrir negocios ilegales a cambio de sobornos.
En el post se expone que, durante su gestión en la zona de Alcides Pino, uno de los barrios más peligrosos de Holguín, extorsionaba a mujeres sancionadas ofreciéndoles “favores” a cambio de omitir su firma en los registros policiales, lo cual podría constituir una grave violación. También ha sido visto compartiendo con ciudadanos cubanoamericanos, lo que ha despertado sospechas sobre sus verdaderas lealtades.
Otra figura que aparece en el reporte es una persona nombrada Mirailis Mildred Osorio Martínez, jefa de investigaciones en la unidad policial de Narciso López. Los denunciantes aseguran que mantiene un estilo de vida completamente desproporcionado con respecto al salario de un oficial de la PNR, incluyendo estancias en hoteles, cenas en restaurantes de lujo y fiestas privadas.
Además, estaría utilizando su posición para solicitar recargas y favores personales, mientras mantiene relaciones sentimentales con superiores jerárquicos que, según los reportes, también participan en estas prácticas irregulares.
El jefe de la cuarta unidad de la PNR no escapa a las acusaciones. Ha sido visto en compañía de Osorio Martínez en paladares y playas, y estaría involucrado en la protección de negocios cuestionables a cambio de pagos ilegales. También se menciona a un hombre nombrado Braulio, dueño de una mipyme, que ejemplifica el esquema de corrupción: paga regularmente para que las autoridades le permitan operar sin ser molestado.
La situación en el reparto Alcides Pino es especialmente grave. Vecinos denuncian que “la policía es un ballú”, no cumple con sus funciones mientras la delincuencia, los robos y otros delitos menores proliferan sin control. El sentimiento general es de desamparo y frustración ante una institución que, lejos de velar por el orden, parece estar al servicio de sus propios intereses.
Los comentarios de los ciudadanos tras la publicación han sido demoledores. Muchos expresan que la corrupción policial es una de las razones por las que la PNR jamás tomará partido por el pueblo. “Son corruptos y represores, eso es lo que le interesa al régimen”, afirma un usuario. Otros comparan la situación con la de La Habana, donde también se denuncia la existencia de “peajes” para los vendedores y comerciantes que deben pagar a jefes de sector para evitar acoso.
La indignación es generalizada, otro usuario mencionó: “Y como critican el régimen capitalista, no se cansan de hablar de las corrupciones de otros países, de la delincuencia, de todo lo malo y lo peor, pero no hablan de lo que hay en su propio patio, de lo que sufre el pueblo, además ni puedes expresarte porque es un desacato, y entonces qué nombre lleva los que ellos hacen, los que son todos un verdadero clan de delincuentes. Bendiciones para los oprimidos”
La denuncia expone una herida abierta en el tejido social cubano, no solo en Holguín; el reclamo es un espejo incómodo de la profunda crisis moral y estructural que atraviesa la PNR y, por extensión, el Estado cubano.

