
La delincuencia juvenil ha ganado mucho terreno en Cuba durante los últimos años, sobre todo en La Habana, empujada por la crisis económica, la pobreza y el mercado de drogas sintéticas.
De acuerdo con un reportaje del medio independiente Diario de Cuba, este fenómeno no ha podido ser controlado por el régimen y se ha extendido por barrios populares y cárceles.
Los datos presentados por el medio indican que las agrupaciones dejaron de ser un problema aislado para convertirse en una amenaza presente en buena parte de la capital.
El deterioro social, la falta de oportunidades y la circulación del llamado “químico” han creado un escenario propicio para su crecimiento. Uno de los episodios que marcó la visibilidad del problema ocurrió el 8 de junio de 2024, frente a la Finca de los Monos, en el municipio Cerro.
Allí se produjo una pelea multitudinaria durante una actividad organizada por la Unión de Jóvenes Comunistas. Las autoridades negaron fallecidos y solo reconocieron dos lesionados. Sin embargo, versiones independientes hablaron de al menos seis heridos.
Desde entonces, la situación se ha agravado. Los municipios más golpeados serían Arroyo Naranjo, Diez de Octubre, Cerro, Marianao, Guanabacoa, San Miguel del Padrón y La Lisa, zonas donde la precariedad cotidiana facilita el reclutamiento de adolescentes y jóvenes.
Cárceles, rituales y nuevas bandas
A las bandas conocidas como el Diamante y Pacto de Sangre se han sumado grupos más recientes. Entre ellos aparecen 100pabajo, de Santos Suárez; Faceta del Mundo, del Cerro; y organizaciones nacidas dentro de las prisiones, como Obsorbo Fogo, Atá Perositan Nangorian, Justicha Allán y Miki Pintao.
El reporte señala que las bandas carcelarias generan mayor preocupación porque no se limitan a un territorio específico. Sus integrantes pueden moverse entre provincias e incluso mantener vínculos fuera de Cuba.
Andy, de 21 años, dijo al citado medio que entró en una de estas agrupaciones mientras cumplía condena en la prisión de jóvenes del Guatao.
“Solo te puedo decir que tuve que hacer un juramento de sangre ante un documento; es decir, me cortaron de forma que la sangre cayera sobre el papel. Me hicieron una iniciación religiosa y me hicieron la pica (tatuaje) para identificarme”, relató.
“Me embullé por los socios de la galera. Es muy difícil sobrevivir solo en una prisión sin consortes que te protejan (…) La traición se paga con la muerte”, agregó.
Drogas sintéticas y aumento de delitos
Un babalawo recién excarcelado indicó que estas bandas usan rituales de iniciación inspirados en prácticas religiosas, aunque distorsionan su sentido original y contradicen tradiciones como la abakuá.
Yosvany, de 19 años, miembro de 100pabajo, contó que algunos integrantes se reúnen en el parque de Santos Suárez y en el llamado “malecón sin agua” para “descargar” y robar móviles u otros objetos. También admitió la venta de “papelitos”, nombre callejero del químico, una droga sintética que circula entre adolescentes desde los 13 y 14 años.
En mayo de 2025, otro hecho violento encendió las alarmas: jóvenes armados con machetes protagonizaron una riña masiva en el Boulevard de San Rafael, en pleno centro habanero, con presencia de menores de edad.
Las cifras del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana reflejan el deterioro. En 2025 se verificaron 2.833 delitos, un incremento del 115% frente a 2024 y del 337% respecto a 2023. Solo en el primer semestre de ese año se registraron 1.319 hechos, equivalentes a 7,3 crímenes diarios.
En julio de 2025, el régimen endureció las sanciones contra el tráfico de cannabinoides sintéticos, con castigos que pueden llegar a cadena perpetua o pena de muerte. Pese a ello, las redes de distribución vinculadas a estos grupos continúan expandiéndose.
El medio independiente advierte que el fenómeno de las bandas criminales es como un iceberg del cual en este momento “solo se ve una pequeña parte de la superficie”.
“El grueso del problema permanece invisible y sigue creciendo lentamente, impulsado por la pobreza y la ineficacia estatal”, concluye Diario de Cuba.