
El régimen cubano insiste en derrochar los pocos recursos de la Isla, con una reunión en La Habana de más de 1.000 extranjeros invitados para participar en un coloquio dedicado a Fidel Castro, en medio de la peor crisis en la historia del país.
En un momento en que millones de cubanos sufren apagones de más de 20 horas, escasez de combustible, alimentos y medicamentos, el encuentro comenzó este lunes 10 de agosto en el Palacio de Convenciones, como parte del festejo por el centenario del nacimiento del fallecido dictador.
En total, participan unos 1.500 delegados de 63 países durante tres días, donde el régimen presenta la asistencia internacional como una muestra de respaldo a la Revolución. Sin embargo, el despliegue ocurre apenas una semana después de otro colapso total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) que afectó a buena parte de la población.
Organizar un evento de esta magnitud implica movilizar transporte, combustible, electricidad, alimentos, agua, alojamiento, personal de atención y otros recursos para cientos de visitantes extranjeros.
No existe un cálculo público que permita determinar cuánto se ha destinado específicamente al coloquio, pero el gasto ocurre mientras las autoridades reconocen las dificultades para garantizar servicios básicos a la población.
La contradicción resulta especialmente visible en el caso de la electricidad. Cuba atraviesa una crisis que ha dejado a numerosas provincias con jornadas de apagones extremadamente prolongadas y ha obligado al Gobierno a anunciar medidas de emergencia para sostener el suministro.
En abril, el régimen incluso presentó ante organismos internacionales una declaración en la que denunció las dificultades energéticas y pidió rechazar lo que calificó como medidas de presión contra la Isla.
Mientras tanto, el Gobierno decidió dedicar recursos y espacios a recordar a Fidel Castro, quien murió en 2016 después de casi cinco décadas al frente del país.
El propio dirigente, Miguel Díaz-Canel, reconoció durante el acto que el encuentro se desarrolla en uno de los períodos más difíciles para la Revolución y defendió la vigencia del pensamiento de Castro como guía para enfrentar la situación actual.
El régimen también utiliza la presencia de extranjeros como una herramienta política. Díaz-Canel pidió a los participantes convertirse en “embajadores de la verdad” y presentar fuera de Cuba la versión oficial sobre la situación de la Isla.
El mensaje busca proyectar respaldo internacional cuando el Gobierno enfrenta un escenario regional menos favorable que en décadas anteriores. No obstante, y a pesar de lo que pretende proyectar el gobierno castrista, entre los asistentes extranjeros también aparecen representantes políticos de menor rango.
En el caso de México, la presencia de funcionarios o legisladores sin posiciones equivalentes a una jefatura de Estado no representa necesariamente un respaldo institucional del máximo nivel.
Su participación sirve, sin embargo, para alimentar la imagen de acompañamiento internacional que La Habana busca proyectar, respaldo que adquiere importancia para el régimen porque el mapa político latinoamericano ha cambiado.
Bolivia está gobernada desde 2025 por Rodrigo Paz, Perú por Keiko Fujimori desde julio de 2026 y Colombia por Abelardo de la Espriella. Los tres gobiernos representan un giro hacia posiciones de derecha frente a los gobiernos anteriores.
Cuba conserva así menos aliados ideológicos en Sudamérica, mientras México continúa siendo uno de sus principales interlocutores regionales. En ese contexto, reunir a delegados de 63 países permite al régimen mostrar que todavía cuenta con espacios de respaldo internacional.
El problema es el contraste con la realidad dentro de la Isla. Mientras se destinan recursos para recibir visitantes, millones de cubanos esperan horas por alimentos, sufren interrupciones eléctricas y enfrentan dificultades para conseguir combustible y otros productos básicos.
El coloquio terminará después de tres días, pero los apagones y las carencias continuarán. La diferencia entre ambas realidades resume la prioridad que el Gobierno ha decidido otorgar a la conmemoración del antiguo líder: en medio de una crisis que afecta necesidades básicas, la propaganda política mantiene espacios y recursos que podrían estar destinados a aliviar las condiciones de la población.