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Díaz-Canel afirma que es la voluntad de los cubanos defender al régimen

El dirigente cubano Miguel Díaz-Canel Bermudez
Miguel Díaz-Canel fue nombrado presidente sin que se realizaran elecciones populares. (Captura de pantalla © Presidencia Cuba – YouTube)

El dirigente cubano Miguel Díaz-Canel volvió a hablar en representación de todo el pueblo de Cuba, presentando la defensa del sistema socialista como una causa compartida por toda la población del país.

En un reciente discurso, Díaz-Canel aseguró que la Isla mantiene su disposición de resistir y defenderse ante las presiones de Estados Unidos, mientras millones de cubanos enfrentan apagones, inflación, falta de agua y escasez de productos básicos.

“Cuba no ha claudicado”, afirmó Díaz-Canel, asegurando que la gente buscaría “la defensa de todo el territorio con un pueblo convertido en milicias y dispuesto a defender su autodeterminación, su independencia y la soberanía”.

El problema de ese planteamiento es que el Gobierno vuelve a hablar en nombre de una sociedad que no puede decidir mediante elecciones presidenciales libres si quiere mantener el actual sistema político.

Díaz-Canel llegó a la Presidencia mediante la Asamblea Nacional, dentro del mecanismo establecido por la Constitución cubana, pero los ciudadanos no han podido escoger directamente entre el gobernante y candidatos opositores.

Por eso, el concepto de “autodeterminación” al que apela resulta irónico y para varios incluso es una burla a la verdadera situación política de Cuba. El Gobierno reclama que ningún país decida el futuro de la Isla, pero tampoco permite una competencia política abierta para que los propios cubanos puedan decidir entre diferentes proyectos de nación.

El discurso oficial insiste, además, en presentar la resistencia como una muestra de dignidad nacional frente a las dificultades económicas. Díaz-Canel reconoció parte de esas dificultades al admitir que “Sí, tenemos muchas carencias. Nos agobian los apagones, la falta de agua, la inflación y las colas”.

Sin embargo, después convirtió esas mismas privaciones en argumentos para defender la continuidad del sistema, al referir que “Ninguna carencia material ha apagado la llama de la solidaridad”.

El gobernante también atribuyó una posición política concreta a toda la población, asumiendo que la totalidad de Cuba buscaría defender al actual régimen por estar de acuerdo con su forma de gobierno, cuando la realidad dista mucho, entre lo que se percibe en redes y en el exilio.

“La respuesta del pueblo, bajo la conducción del Partido Comunista de Cuba, ha sido la resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus conquistas […] sin renunciar jamás a los principios del socialismo y sin ceder a presiones ni chantajes”, declaró.

Esa representación de un pueblo unido contrasta con hechos ocurridos dentro y fuera de la Isla. Las protestas del 11 de julio de 2021 mostraron un nivel de descontento que llevó a miles de personas a las calles con reclamos económicos y políticos, incluidos pedidos de libertad.

Las autoridades respondieron con detenciones y procesos judiciales contra numerosos manifestantes, albergando hoy día cerca de un millar de presos políticos resultado de ese evento.

La emigración también ha cambiado la relación de muchos cubanos con el discurso oficial. Desde Miami y otras comunidades del exterior existen sectores que reclaman una salida diferente para Cuba, con casi el 80% del exilio clamando por una intervención militar estadounidense.

Dentro de la Isla también existen ciudadanos que han expresado su rechazo al Gobierno y a la permanencia del sistema político actual. Eso no significa que todos los cubanos apoyen una intervención extranjera ni que exista una posición única sobre el futuro del país. festadoPrecisamente esa diversidad es la que queda fuera cuando el Gobierno utiliza expresiones como “el pueblo” para describir una sola voluntad política.

El discurso de Díaz-Canel busca mantener una imagen de firmeza nacional frente a la presión económica y política. La idea es presentar el sacrificio cotidiano como una prueba de resistencia y la defensa del socialismo como una cuestión de soberanía.

Pero la soberanía de Cuba no debería confundirse con la permanencia de un gobierno. Si el régimen sostiene que los ciudadanos están dispuestos a defender el sistema y sus “conquistas”, la forma de comprobarlo sería permitir que la población pueda expresarse sin restricciones y escoger entre diferentes opciones políticas.

Mientras eso no ocurra, la afirmación de que todos los cubanos están dispuestos a defender el socialismo seguirá siendo una posición del Gobierno presentada como si fuera la voluntad de toda la nación.

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