
El presidente designado de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró que dentro del régimen castrista no existen fracturas en lo referente a las conversaciones con Estados Unidos y defendió que existe unidad en la conducción de este proceso.
Las declaraciones del mandatario comunista durante una entrevista con el medio ruso RT ocurren días después de que surgiera una polémica sobre la participación de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como El Cangrejo, en las negociaciones con Washington.
Díaz-Canel sostuvo que el diálogo es dirigido desde la cúpula del poder, con la participación de Raúl Castro y otros integrantes de la dirección del Partido Comunista. En este sentido, atribuyó las versiones sobre desacuerdos internos a una campaña de especulación y aseguró que no existen posiciones enfrentadas dentro del liderazgo.
“Te puedo garantizar que hay una unidad monolítica”, afirmó en la conversación, resvisada por Periódico Cubano. Según el mandatario, las autoridades evitan responder constantemente a esas versiones para no alimentar lo que calificó como acciones “diversionistas” y manipuladoras.
Asimismo, reiteró que La Habana pretende mantener abiertos los canales con Washington, aunque describió las conversaciones como difíciles por las sanciones y la retórica de la administración de Donald Trump.
Según dijo, el gobierno busca resolver las diferencias mediante el diálogo, evitar una confrontación y construir una relación “civilizada entre vecinos”, siempre que Washington no condicione el sistema político cubano, la soberanía o la autodeterminación.
Las declaraciones llegan después de que Rodríguez Castro dijera a USA Today que estaba dispuesto a negociar directamente con cualquier representante designado por EEUU, incluido Trump.
Rodríguez Castro no ocupa un cargo público de alto perfil ni forma parte oficialmente de la Cancillería. Sin embargo, su nombre ha ganado relevancia dentro de los canales reservados entre ambos gobiernos, una situación que despertó interrogantes sobre la influencia que conserva la familia Castro en las decisiones estratégicas del país.
Su intervención provocó cuestionamientos incluso entre figuras cercanas al aparato estatal. María del Carmen Hernández Carús, madre de Leticia Martínez Hernández, jefa de Comunicación del Palacio de la Revolución, pidió públicamente que alguien lo hiciera callar y cuestionó que se presentara como posible negociador sin poseer formación diplomática conocida.
“¿Alguien pudiera bajar de la nube a este muchacho? ¿Alguien pudiera mandarlo a callar?”, escribió Hernández Carús en Facebook. La autora defendió a los especialistas de la diplomacia cubana y afirmó que esos funcionarios saben “cómo hablar, cómo expresarse, qué decir y qué no”.
La controversia obligó al oficialismo a cerrar filas. Elier Ramírez Cañedo, vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista, confirmó que Rodríguez Castro actúa como interlocutor por decisión de “la máxima dirección del país”. Ese reconocimiento resultó relevante porque atribuyó funciones diplomáticas a una persona sin cargo electo ni responsabilidad pública conocida.
Ramírez Cañedo justificó el uso de enviados ajenos a la diplomacia tradicional al recordar que Cuba y EEUU han empleado históricamente canales reservados. Aseguró que estos mecanismos suelen manejarse de forma compartimentada para impedir filtraciones y acusó a Washington de promover una narrativa sobre supuestas divisiones dentro de la cúpula comunista.
El primer ministro Manuel Marrero también intervino en la polémica. Confirmó que existe un equipo encargado de las conversaciones y afirmó que trabaja con “la confianza, el apoyo y el mandato” de Raúl Castro y Díaz-Canel.
Aunque no mencionó directamente a “El Cangrejo”, su pronunciamiento reforzó la versión de que la participación del nieto del exgobernante fue autorizada desde el máximo nivel.