
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como “El Cangrejo”, afirmó que está dispuesto a negociar directamente con el presidente Donald Trump el futuro de Cuba, en momentos de fuerte tensión entre La Habana y Washington.
Rodríguez Castro, de 42 años, hizo las declaraciones durante una entrevista concedida en junio en La Habana a USA Today, la primera que ofrece a un medio estadounidense. Aunque no ocupa un cargo público de alto perfil, su nombre ha comenzado a circular como una figura con peso dentro de los canales discretos entre Cuba y EEUU.
“Puedo negociar con cualquier persona designada por EEUU. Si se me da la oportunidad, claro que con Trump”, afirmó Rodríguez Castro.
Las condiciones de El Cangrejo para negociar con Trump
La declaración coloca al nieto de Raúl Castro en el centro de una pregunta clave: quién puede hablar por Cuba ante una administración estadounidense que ha endurecido su política hacia la isla.
Rodríguez Castro sostiene que no renunciaría a la ideología defendida por su familia y asegura que su papel responde a una confianza directa de su abuelo. En La Habana, resumió esa lealtad con una frase: “Los líderes históricos (de la Revolución) siempre tendrán su lugar”.
Su posición resulta inusual porque no se trata de una autoridad formal del gobierno cubano. Sin embargo, su apellido, su formación militar y su cercanía al círculo histórico del poder le otorgan una visibilidad creciente.
Pablo Uchoa, especialista en seguridad en América Latina del University College London, describió esa condición ambigua en estos términos: “Raulito les ofrece mayor flexibilidad porque es una figura cuasi oficial. Es un militar. Pero su papel es mucho más amplio de lo que refleja oficialmente”.
Contactos discretos con Marco Rubio
De acuerdo con la información divulgada, Rodríguez Castro habría desarrollado canales directos e indirectos con figuras vinculadas a la política estadounidense. Entre los nombres mencionados aparecen el secretario de Estado Marco Rubio, empresarios con conexiones políticas y personas cercanas a la Casa Blanca.
También se menciona a Victor Mellor, candidato republicano al Congreso por Rhode Island, quien habría viajado dos veces a La Habana en junio para reunirse con Rodríguez Castro. El Departamento de Estado, según la información disponible, dijo que no autorizó ese viaje.
Ricardo Herrero, director ejecutivo del Cuba Study Group, considera que Washington habría visto en Rodríguez Castro un posible canal para empujar cambios en la isla sin reproducir el esquema de acercamiento impulsado durante la administración Obama.
“Esta administración ha contribuido a crear a Raulito”, afirmó Herrero. “Ha logrado construir consenso entre los distintos grupos del Estado cubano a favor de una apertura del mercado. Pero eso no basta para quienes rodean a Rubio, que buscan un cambio político, no solo económico”.
El Cangrejo influyó en lanzar el nuevo paquete de reformas
El ascenso público de Rodríguez Castro ocurre mientras Cuba intenta presentar cambios económicos de gran alcance. El 18 de junio, las autoridades cubanas aprobaron más de 175 medidas orientadas a abrir espacios al sector privado, modificar el funcionamiento de empresas estatales y permitir nuevas formas de inversión.
Rodríguez Castro sostiene que utilizó su influencia para apoyar esas reformas. También afirmó que, bajo ciertas condiciones, el gobierno cubano estaría dispuesto a liberar a “personas consideradas presos políticos”.
Esa frase llega en un contexto delicado. Organizaciones de derechos humanos mantienen cifras elevadas de detenidos por motivos políticos en Cuba, mientras el gobierno cubano rechaza habitualmente esa clasificación.
“La verdad no es absoluta”, dijo Rodríguez Castro.
La administración Trump, por su parte, ha calificado las medidas económicas anunciadas por Cuba como insuficientes y ha mantenido la presión sobre entidades y funcionarios vinculados al gobierno cubano.
Otro episodio que rodea a Rodríguez Castro es una presunta carta secreta dirigida a Trump, interceptada en el Aeropuerto Internacional de Miami cuando era transportada por el empresario cubano Roberto Carlos Chamizo.
Según versiones citadas, el documento proponía cooperación económica, pedía alivio de sanciones y advertía que La Habana estaba preparada para resistir una acción militar estadounidense. Rodríguez Castro y Chamizo negaron que la carta estuviera dirigida al presidente estadounidense.
Por ahora, “El Cangrejo” aparece como una figura de poder informal, situada entre la herencia familiar de los Castro, la presión de Washington y la urgencia de reformas en Cuba. Su irrupción pública abre una nueva interrogante sobre quién habla realmente por la isla en uno de los momentos más tensos de las relaciones entre Cuba y EEUU.