
La administración de Donald Trump habría puesto como condición al régimen castrista para continuar con las negociaciones que el actual primer secretario del Partido Comunista (PCC), Miguel Díaz-Canel, abandone el poder de forma inmediata, según informó el influyente diario The New York Times, citando fuentes cercanas a la Casa Blanca.
Esta no es la primera filtración sobre el caso que presenta la prensa. A inicios de marzo, el Miami Herald también publicó en exclusiva que una de las exigencias de la parte estadounidense era la salida de Díaz-Canel.
La petición, planteada en el marco de las conversaciones que el propio Díaz-Canel reconoció el viernes pasado, apunta a un cambio simbólico en la cúpula del poder en la isla, pero sin alterar la estructura del régimen comunista que ha gobernado por más de seis décadas.
Al parecer, lo que busca Washington es medir la disposición de la parte cubana para cumplir con las peticiones que se le hagan. La administración Trump considera que la salida de Díaz-Canel facilitaría la implementación de reformas económicas, que el actual presidente, considerado un dirigente intransigente, burócrata y fiel seguidor del castrismo, ha evitado.
Sin embargo, los funcionarios estadounidenses no están presionando para que la familia Castro, que sigue siendo una de las principales figuras de poder en Cuba, abandone sus posiciones.
De acuerdo con fuentes cercanas a las negociaciones, Estados Unidos ha señalado que la renuncia de Díaz-Canel no implicaría un cambio en el régimen, sino una oportunidad para que Cuba inicie reformas estructurales que permitan una apertura gradual de su economía, algo que la administración Trump ve como fundamental para una futura relación económica entre ambos países.
Aunque se buscaría la liberación de presos políticos y la salida de algunos funcionarios vinculados al legado de Fidel Castro, la prioridad sigue siendo la apertura del mercado cubano a las empresas estadounidenses.
El gobierno de Trump ve en este movimiento una oportunidad para obtener victorias políticas que puedan ser presentadas como logros ante la opinión pública estadounidense, especialmente frente a la comunidad cubana en el exilio.
Aunque algunos sectores conservadores de la diáspora cubana podrían sentirse decepcionados con un cambio que no implique una transformación total del sistema político en la isla, las autoridades estadounidenses consideran que este es un paso necesario para mejorar las relaciones bilaterales.
Igualmente, analistas indican que un cambio total no puede ocurrir de la noche a la mañana, sobre todo si se quiere evitar el caos. Una reforma económica debe preceder a una reestructuración de la política, lo que posteriormente permitiría el pluripartidismo y elecciones libres.
Miguel Díaz-Canel, de 65 años, ocupa la presidencia de Cuba desde 2018 y es también el primer presidente cubano que no lleva el apellido Castro desde la revolución de 1959.
A pesar de ser considerado por algunos como un “títere” del régimen, ha sido un símbolo de continuidad dentro del sistema político cubano. Acumula un gran rechazo popular, pues no ha logrado nada positivo para el pueblo. Al contrario, bajo su mandato se han acumulado las peores desgracias para la población.
Similar rechazo popular lo tiene su esposa, la no primera dama Lis Cuesta, quien no se pierde un viaje al extranjero con el mandatario. Todo lo que ocasiona son gastos innecesarios y su hijo estudia en Europa con todos los gastos pagados.
Si se presiona para la salida de Díaz-Canel, Trump ganaría más respaldo popular del que ya tiene entre la población cubana.
Una perdida de tiempo, si lo que piden es la renuncia de la marioneta de los Castros, el presidente de turno Diaz Canel. Si no derrocan y desaparecen a la DICTADURA DE LOS CASTROS; jamas habra un cambio en el entorno, politico, economico y social de Cuba. En estas supuestas conversaciones entre Cuba y Estados Unidos hay un juego de intereses muy fuerte ademas de muy poca transparencia, Existe algo turbio en estas supuestas conversaciones.