
Barceló Hotel Group mantiene bajo vigilancia sus operaciones en Cuba y no ha cerrado la puerta a cambios en su presencia en la isla a partir del próximo año, en medio de la ofensiva de Estados Unidos contra negocios vinculados al conglomerado militar Gaesa y del fuerte deterioro del turismo cubano.
La cadena española, una de las mayores del sector hotelero en España, gestiona actualmente dos hoteles en Cuba, aunque solo el Barceló Solymar, en Varadero, figura como operativo en la información divulgada por la compañía. El otro establecimiento vinculado a su presencia en el país es el Occidental Arenas Blancas, también en el principal polo turístico de playa de la isla.
El mensaje más relevante llegó de Raúl González, CEO de Barceló Hotel Group para EMEA, quien evitó despejar qué hará la empresa cuando toque renovar sus operaciones en Cuba. La posición oficial, de momento, es de prudencia.
Según declaraciones del directivo recogidas por el medio 20Minutos, la cadena está “respetando completamente la normativa que ha marcado Estados Unidos”.
Barceló evita riesgos en Cuba y revisa su posición
La situación de Barceló tiene un matiz importante frente a otras cadenas españolas. Sus hoteles en Cuba no estarían vinculados a Gaviota, la sociedad turística asociada a Gaesa, a diferencia de varios establecimientos gestionados hasta hace poco por Meliá e Iberostar.
Aun así, la compañía no quiere exponerse a riesgos legales, financieros o reputacionales en un escenario mucho más complejo para cualquier empresa extranjera con presencia en la isla.
La presión estadounidense sobre Gaesa ha obligado a varias hoteleras a revisar sus contratos y relaciones comerciales en Cuba, especialmente después de que Washington advirtiera sobre posibles sanciones a personas, empresas e instituciones financieras extranjeras que mantuvieran determinadas operaciones con entidades sancionadas.
La cautela de Barceló llega en un momento especialmente delicado para el turismo cubano. La isla arrastra apagones, problemas de abastecimiento, caída de vuelos, deterioro de servicios y una demanda internacional cada vez más debilitada.
Para los cubanos dentro y fuera del país, la noticia tiene una lectura directa: el sector que durante años fue presentado como motor económico vuelve a quedar bajo presión.
Meliá e Iberostar ya se fueron de Cuba
El caso Barceló se produce después de que Meliá e Iberostar redujeran su presencia en hoteles cubanos relacionados con Gaviota. Meliá dejó de operar 15 establecimientos y mantuvo otros activos bajo gestión de entidades no vinculadas a Gaesa, mientras Iberostar también recortó su cartera en la isla.
Ese movimiento marcó un punto de inflexión para el turismo cubano, porque ambas cadenas llevaban décadas operando en el país y eran parte central de la imagen internacional de destinos como Varadero, La Habana, Cayo Coco y otros polos turísticos.
Aunque Barceló no ha anunciado una retirada, el hecho de que deje en el aire la renovación de sus operaciones confirma que el nuevo escenario de sanciones y crisis turística ya impacta incluso a compañías que no aparecen directamente ligadas a Gaviota.
Cuba enfrenta otro año difícil para el turismo
La incertidumbre empresarial coincide con cifras muy negativas para el turismo en Cuba. Entre enero y abril de 2026, la isla recibió 328.608 turistas internacionales, una caída del 55,8% frente al mismo período del año anterior. Abril fue especialmente débil, con apenas 30.551 visitantes.
Ese desplome afecta a hoteles, aerolíneas, turoperadores, trabajadores del sector y negocios privados que dependen del movimiento de viajeros. También reduce la entrada de divisas en un país ya golpeado por la inflación, la escasez y la crisis energética.
Barceló, por su parte, mantiene una visión más favorable sobre el turismo global. González habló de otro año “récord” para el sector, aunque admitió señales de moderación en el crecimiento. También se refirió al contexto internacional y afirmó que la región de Oriente Próximo “sigue estando muy revuelta”, un factor que influye en rutas, costes y decisiones de viaje.
En Cuba, sin embargo, la ecuación es distinta. La combinación de sanciones, baja demanda, problemas operativos y deterioro económico coloca a las cadenas extranjeras ante una decisión cada vez más incómoda: permanecer en un mercado históricamente estratégico, pero hoy mucho menos rentable y más expuesto.