
El youtuber cubano JSant realizó un recorrido por el Barrio de Contenedores en La Habana, un asentamiento donde decenas de familias viven en condiciones de extrema precariedad. El video de más de media hora de duración expone como esta comunidad está marginada por el Estado comunista.
Ubicado en una zona de difícil acceso, este barrio ha surgido de la necesidad de quienes no pueden costear una vivienda formal en la capital cubana. Sus habitantes han transformado contenedores marítimos en hogares improvisados, con estructuras adaptadas rudimentariamente para sobrevivir.
La comunidad está compuesta principalmente por personas de bajos recursos que han adquirido terrenos en un mercado informal. Algunas familias han encontrado en los contenedores una solución habitacional, pese a sus múltiples desventajas. Muchos de los residentes son pescadores o trabajadores informales que dependen del trueque y la venta de productos para subsistir. Además, la zona alberga personas que han intentado emigrar en embarcaciones precarias hechas de poliespuma.
Las casas, hechas con contenedores metálicos, han sido modificadas con lonas y materiales reciclados para reducir el calor sofocante. En su interior, las familias han improvisado cocinas, baños y habitaciones. Sin embargo, el acceso a agua y electricidad es muy limitado, y las instalaciones son rudimentarias e inestables. La falta de infraestructura formal en la zona deja a sus habitantes en una situación de vulnerabilidad constante.
El asentamiento se encuentra en una zona de difícil acceso, con caminos en mal estado y cubiertos de vegetación. En el pasado, un funicular cruzaba el río Tarará, facilitando el tránsito, pero con su abandono, la movilidad se ha vuelto complicada y peligrosa. El video también muestra un gran salidero de agua que desperdicia grandes cantidades de este recurso, en contraste con la crisis hídrica en otras partes de La Habana.
El recorrido revela el deterioro de lugares que antes fueron espacios de esparcimiento. Se muestran imágenes de un anfiteatro en ruinas y una marina que en su mejor época albergaba yates privados. Ahora, estos sitios están cubiertos de maleza y escombros. La comunidad sobrevive en medio de este escenario de abandono.
La economía del barrio gira en torno a la pesca artesanal. Sus habitantes utilizan “conchos”, pequeñas embarcaciones de poliespuma, para adentrarse en el mar y capturar peces. Algunos han intentado usarlas para emigrar, pese a los riesgos que implica cruzar el mar con medios tan frágiles. No hay comercio formal en la zona, y la supervivencia depende de la recolección de recursos naturales y el intercambio entre vecinos.
Ante la falta de presencia estatal, los residentes han implementado medidas rudimentarias para proteger sus hogares. Utilizan cercas de cactus para delimitar sus terrenos y colocan piedras sobre los techos para evitar que el viento los levante. Sin embargo, el riesgo de accidentes es alto debido a las conexiones eléctricas improvisadas y la carencia de servicios básicos.
El aislamiento geográfico ha obligado a los habitantes a buscar alternativas de transporte. En el video se observa cómo las carretas tiradas por mulos son una opción frecuente en la comunidad, ya que las carreteras en mal estado dificultan el tránsito de vehículos motorizados. Este medio de transporte refleja la precariedad del lugar y las dificultades diarias de quienes allí residen.
El Barrio de Contenedores es un reflejo del abandono estatal y la crisis habitacional que enfrenta La Habana. Mientras el gobierno sigue sin ofrecer soluciones y emplea el dinero público para construir hoteles, los residentes sobreviven con creatividad y esfuerzo, en un entorno hostil y sin garantías de futuro. Su historia evidencia la brecha social y la desigualdad en la Isla, donde cientos de personas se ven obligadas a vivir en condiciones extremas.