
En lugar de garantizar un apoyo gratuito a las familias afectadas por el impacto del huracán Oscar en el oriente cubano, el gobierno comunista inició la venta de colchones con un subsidio del 50%.
Según Radio Baracoa, la comercialización de dicho producto de primera necesidad comenzó ayer sábado en local conocido como “Mercado Campón”, ubicado en Baracoa, Guantánamo.
El pasado 2 de noviembre, Yanisley Ortiz Mantecón, viceministra de Finanzas y Precios, informó que el Estado dispuso la venta de materiales de construcción y colchones con dicho subsidio.
Esto se implementa según el Acuerdo 9991 del Consejo de Ministros, publicado recientemente en la Gaceta Oficial. Ortiz Mantecón aseguró que, además de los subsidios, las personas con ingresos insuficientes podrán acceder a créditos bancarios o solicitar financiamiento a través de la Asistencia Social.
No obstante, estas medidas han generado escepticismo entre los ciudadanos, recordando casos como el huracán Ian en 2022, donde el apoyo prometido enfrentó retrasos y escasez de materiales. A ello se suman los altos precios, que limitaron la recuperación para muchas familias.
El programa oficialista Desde la Presidencia reveló que el número de viviendas dañadas en el oriente de la Isla aumentó a 12.180, superando el informe inicial de 11,402. De estas, se reportaron 140 derrumbes totales y 365 parciales, afectando principalmente a comunidades como Baracoa, Maisí, San Antonio del Sur e Imías.
Organización independiente ofreció ayuda ante retrasos del gobierno cubano
Mientras mantenía una lentitud con respecto a ayudar a los damnificados por dicho huracán, la organización independiente Huellas se movilizó desde el 31 de octubre para llevar ayuda directa a la población afectada. Al llegar a Guantánamo, su objetivo era entregar donaciones personalmente y visibilizar las carencias que los medios oficiales suelen ignorar.
En San Antonio del Sur, los activistas frenaron en un retén militar que controlaba los accesos al municipio. A pesar de ello, lograron ingresar y descubrir un almacén repleto de donaciones apiladas sin distribuir. Entre los artículos almacenados había alimentos, galletas, televisores y sillas de ruedas, que comenzaban a descomponerse por la falta de gestión.
“La población clamaba por ayuda mientras las donaciones se echaban a perder. Es indignante ver familias sin hogar, madres con niños descalzos y ancianos hambrientos buscando lo básico”, relató Johanna Jolá Álvarez, integrante de Huellas. La organización documentó escenas desgarradoras de personas en extrema necesidad, enfrentando condiciones precarias.
A pesar de los obstáculos, lograron distribuir cientos de cajas con alimentos y materiales esenciales. En localidades como Imías y San Antonio del Sur, enfrentaron el lodazal y el mal tiempo, incluso quedando casi atrapados debido a la crecida de los ríos.
El equipo también visitó una escuela especial devastada por el ciclón, donde los maestros expresaron su impotencia ante el caos. Los activistas exigieron al gobierno que exonere de pagos a las familias con pérdidas totales y que envíe personal de salud mental a las comunidades afectadas.