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El impactante relato de un cubano que estuvo a punto de ser deportado desde Finlandia

Pese a tener trabajo y hablar finés, aún tenía un requisito migratorio pendiente
El impactante relato de un cubano que estuvo a punto de ser deportado desde Finlandia
Ariel Reinaldo estuvo detenido con migrantes que tenían antecedentes penales en Finlandia. (Captura de pantalla © Ariel Reinaldo Vlogs – YouTube)

El joven cubano Ariel Reinaldo compartió desde su canal de YouTube la dura experiencia que vivió cuando casi fue deportado de Finlandia, al ser considerado un migrante ilegal por parte de las autoridades locales.

Desde hace tres años, Ariel reside en ese país europeo, donde estudió en una escuela vocacional y también consiguió un trabajo. Además, aprendió a hablar finés para poder comunicarse sin complicaciones.

Cada vez que su estatus migratorio llegaba a su límite, el joven acudía a la estación de policía para tratar de solucionar esta situación, pero terminaba retirándose con la advertencia de que tenía un mes para abandonar el país.

Una mañana que cumplía con este procedimiento, todo fue diferente. Ariel llegó a la estación de policía como de costumbre, pero después de ingresar, alguien cerró la puerta con seguro, una acción que no ocurrió en las visitas anteriores.

Instantes después, un oficial se le acercó mostrándole un billete de regreso a Cuba y le explicó que, a pesar de estar trabajando, las reglas eran claras: “Ese es el procedimiento”, le dijo, “Yo solamente sigo las órdenes”.

Ariel, manteniendo la calma, intentó razonar con el oficial. No entendía cómo, con su situación estable en Finlandia, podía ser tratado como cualquier otro inmigrante ilegal.

Un agente trató de quitarle su teléfono celular, pero otro dijo que no era necesario confiscar el dispositivo. Momentos después fue trepado a un furgón policial para ser trasladado a un centro de detención migratoria.

“Aquí me tienen como a un delincuente”, pensó mientras observaba las alambradas y cámaras de seguridad en el centro de detención. Lo que más le preocupaba era su situación económica, ya que había enviado todo lo que tenía a su familia en Cuba.

No solo se enfrentaba a la posible deportación, sino que lo hacía sin dinero y con la angustia de no poder acceder a los medicamentos que necesitaba para su enfermedad.

La situación en el centro de detención, aunque menos dura de lo que él esperaba, no lo tranquilizó. La incertidumbre de la deportación lo mantenía en constante estrés, pese a tener garantizada la comida, una televisión compartida y hasta el uso de una consola de videojuegos.

Como tenía derecho a recibir visitas, su novia y una amiga fueron a verlo. Ellas estaban muy nerviosas y aunque él trataba de tranquilizarlas, por dentro sentía que estaba al borde del colapso. Entonces ocurrió un golpe de suerte.

“Faltaban algunos minutos para que se terminara el horario de visitas, cuando un guardia abrió la puerta y me llamó, yo comencé a despedirme de mi novia y de mi amiga. Sinceramente, pensaba que esa era la última vez que las abrazaría, pero para mi sorpresa, el guardia dijo las palabras que jamás voy a olvidar”, comentó.

El oficial le dijo que su vuelo había sido cancelado y podía volver a casa. “Yo no creía lo que estaba escuchando. Mi novia vio mi cara de incrédulo y me preguntaba, ‘¿Qué fue lo que te dijo el guardia?’, cuando le dije que ya no me iban a deportar, ella gritó y comenzó a abrazarme”, agregó.

Por motivo de horario, Ariel tuvo que pasar una noche más en el centro de detención. “Me dijeron que era demasiado tarde para dejarme ir. Esa noche no dormí. Recuerdo que me acosté en el colchón mirando el techo y ni siquiera desdoblé sábanas y toallas que me habían dado. Por alguna razón, mi mente pensaba que era una trampa, que entrarían en la madrugada y me llevarían por sorpresa sin resistencia”, añadió.

Al día siguiente, como a las 6:00 a.m., lo llevaron a una oficina para firmar unos papeles, mientras cumplía con este trámite le dijeron que después del desayuno podía irse, pero no esperó, en lugar de ir al comedor decidió regresar a casa.

“Yo ni siquiera esperé el desayuno. Salí casi corriendo de allí. No fuera que se arrepintieran. Cuando sentí que estaba lo suficientemente alejado, me detuve, miré hacia el cielo y aunque no soy creyente de nada, le agradecí la vida”, comentó.

La experiencia le enseñó que la vida, aunque muchas veces injusta, también le da una segunda oportunidad. “La energía que inviertes en lo que no puedes controlar es energía perdida”, reflexionó Ariel, quien ahora sabe que, aunque el camino migratorio sea difícil, siempre hay una salida si uno no se rinde.

Hoy, mira hacia atrás con gratitud y determinación. Sabe que, si su historia puede motivar a alguien que esté pasando por una situación similar, ya habrá valido la pena. Su mensaje es claro: “Nunca te rindas, no importa cuán difícil sea el camino”.

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2 Comentarios

  1. PROTESE BIEN, SEA AGRADECIDO CON FINLANDIA, EL PAIS QUE LO HA ACOGIDO Y DEJE HUELLA POSITIVAS CON AGRADECIMIENTO Y HACIENDO COSAS BUENAS POR EL PAIS. SE AGRADECIDO QUE EL GRAVE PROBLEMNA DE MUCHOS CUBANOS ES QUE SON MAL AGRADECIDOS.

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