
La escasez de combustible en Cuba ha llevado a transportistas privados de Songo-La Maya, en Santiago de Cuba, a mezclar aceite vegetal con petróleo para mantener sus camiones en funcionamiento, informó CubaNet.
Según la investigación del medio independiente, la práctica surgió como una alternativa desesperada ante la falta de diésel, que actualmente tiene como consecuencias el encarecimiento del aceite de cocina y el aumento del pasaje.
Hace dos meses, los habitantes del municipio comenzaron a percibir un olor inusual cuando los vehículos de pasajeros atravesaban las calles. Al habitual humo negro y el hedor del petróleo quemado se sumó un aroma semejante al de una fritura preparada con aceite reutilizado numerosas veces.
Poco después, los vecinos conocieron la causa. Algunos camioneros estaban utilizando aceite comestible para completar el combustible necesario. Un transportista privado, quien pidió permanecer en el anonimato, calificó la medida como “desesperada”, aunque reconoció que permitía mantener temporalmente el servicio.
Los conductores comenzaron empleando mezclas compuestas por aproximadamente un 70 % de petróleo y un 30 % de aceite vegetal. Sin embargo, la desaparición del diésel y su elevado precio en el mercado informal, donde llegó a comercializarse entre 2.000 y 3.000 pesos por litro, los obligaron a aumentar la proporción de aceite.
La operación parecía rentable a comienzos de mayo. Una botella de entre 900 mililitros y un litro de aceite costaba entre 900 y 1.000 pesos, considerablemente menos que el combustible clandestino. Los transportistas empezaron entonces a comprar cajas completas para alimentar los motores de sus vehículos.
La demanda provocó que los establecimientos se quedaran sin existencias y que el precio subiera rápidamente. En pocas semanas, el litro alcanzó los 1.700 pesos y actualmente supera los 2.000, una cifra inalcanzable para numerosos trabajadores y jubilados.
La situación ocurre en medio de una crisis energética reconocida por el propio Gobierno. En mayo, el ministro cubano de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió durante una comparecencia televisiva que el país había agotado sus reservas de diésel y fuelóleo.
“No tenemos absolutamente nada, ya no tenemos reservas”, declaró el funcionario al explicar las dificultades para sostener la generación eléctrica y el suministro nacional de combustibles.
El impacto llega directamente a la alimentación de las familias. Daniel Castillo, residente en Alto Songo, advirtió que la mezcla terminará dañando los motores, pero consideró aún más grave que el aceite haya desaparecido o se venda a precios prohibitivos.
Castillo posee un automóvil de gasolina que permanece casi siempre estacionado. En el mercado informal, un litro puede alcanzar los 5.000 pesos. Él y su esposa mantienen una pequeña finca, pero la falta de transporte les impide visitarla con frecuencia y parte de la cosecha corre el riesgo de perderse.
La crisis también afecta a quienes deben trasladarse para trabajar, estudiar o recibir atención médica. Ibernalis Poulot describió la situación como “dolorosa y abusiva”, debido a que una botella de 900 mililitros de aceite cuesta alrededor de 2.000 pesos.
El encarecimiento del producto ha generado un efecto dominó sobre las tarifas del transporte. A comienzos de la semana pasada, viajar entre Songo-La Maya y Santiago de Cuba costaba unos 500 pesos. Ahora el pasaje oscila entre 700 y 1.000 pesos, mientras algunos vehículos pequeños cobran hasta 1.500.
Poulot relató que necesitó 2.000 pesos para salir de La Maya y otros 500 para completar el trayecto en un triciclo eléctrico hasta el Hospital Infantil Sur. Una consulta médica puede representar alrededor de 3.000 pesos únicamente en transportación.
Ese gasto equivale prácticamente al salario mínimo mensual de 3.210 pesos. Incluso para quienes reciben el salario medio estatal de 6.930 pesos, un viaje supone una parte significativa de sus ingresos, sin incluir alimentos, medicamentos u otras necesidades.
Los residentes responsabilizan al Estado por el deterioro del transporte público. Pedro Vargas, vecino de Alto Songo, aseguró que la población carece de alternativas y alertó que la mezcla improvisada podría deteriorar los motores y aumentar el riesgo de accidentes.