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El Sexto confronta en público a Luis Manuel Otero Alcántara por plagio y apropiación de obras

El Sexto confronta a Luis Manuel Otero Alcántara por plagio y apropiación de obras ajenas
La confrontación ocurrió en la galería. “¿Todos esos dibujos los hiciste tú?”, le preguntó El Sexto (Captura de pantalla © El Sexto – Facebook)

Una nueva controversia sacude al exilio cubano en Miami. El artista y activista Danilo Maldonado, conocido como El Sexto, confrontó públicamente a Luis Manuel Otero Alcántara y puso en duda que haya creado todas las obras presentadas como resultado de sus cinco años en una prisión cubana.

Maldonado contó en una transmisión en directo que encaró a Otero durante una presentación en El Espacio 23, centro de arte contemporáneo de Allapattah. Allí se mostró parte de un conjunto de aproximadamente 4.000 dibujos y pinturas que Otero asegura haber producido durante su encarcelamiento.

La institución recibió al cofundador del Movimiento San Isidro como artista residente después de que fuera desterrado y llegara a Miami el pasado 18 de julio. El Espacio 23 señala que trabajó en esas piezas bajo condiciones restrictivas y con materiales limitados.

“¿Todos esos dibujos los hiciste tú?”

La confrontación ocurrió en la galería. “¿Todos esos dibujos los hiciste tú?”, le preguntó El Sexto. De acuerdo con su relato, Otero respondió: “Sí, todos esos dibujos los hice yo”.

Maldonado sostuvo que entonces señaló diferencias entre los trazos de varias piezas, particularmente unos dibujos azules colocados sobre una prenda acolchada y dos figuras de pericos.

“Los trazos son muy diferentes”, le habría advertido.

Otero respondió primero que tomaba influencias de otros prisioneros y después explicó que entre el material también había obras hechas por otros presos, a quienes pensaba enviar dinero.

El Sexto consideró contradictoria esa contestación porque, asegura, hasta que él mencionó las diferencias de estilo nadie había hablado de una posible autoría colectiva.

“Hasta ese momento no había existido ninguna mención a otros prisioneros”, declaró. También rechazó que la participación de otros reclusos pudiera justificarse como parte del carácter performático del proyecto: “Cualquier cosa se te puede ocurrir para justificar eso”.

Maldonado afirmó que su intervención incomodó a los presentes. “Le puse el dedo en la llaga y todo el mundo se puso en pánico”, relató.

Sus declaraciones constituyen acusaciones, no pruebas sobre la procedencia de las piezas. El Sexto no presentó peritajes, documentos ni testimonios de otros reclusos que demuestren que Otero se atribuyó trabajos ajenos. Hasta el momento, el aludido tampoco ha respondido públicamente al señalamiento específico.

“Yo sé lo que es estar preso y esto no se parece”

Maldonado acusó además a Otero de mencionar repetidamente su nombre y asegurar que El Sexto había influido en su trabajo, algo que interpretó como un intento de protegerse de sus críticas.

“Era como para que yo no metiera la cucharita e hiciera la pregunta que hacía falta”, sostuvo.

Después reprodujo el mensaje que asegura haberle dirigido: “No menciones más mi nombre. Yo sé lo que es estar preso y esto no se parece. No quiero estar en la boca de ustedes como si se estuvieran sosteniendo en mi nombre”.

El Sexto llegó a cuestionar la coherencia entre el encarcelamiento de Otero y el contenido político de la obra exhibida.

“Si tú no criticas a la dictadura, si puedes hacer todas las obras que quieras y tu obra no representa un obstáculo, entonces, ¿para qué estarías preso? ¿Qué lógica tiene que estés preso por eso?”, preguntó.

También mostró incredulidad ante la posibilidad de que el sistema penitenciario cubano permitiera conservar y sacar miles de piezas.

“¿Cómo voy a creer que tú estás preso si no tiene sentido que te hayan dejado sacar todo eso, entre tantas pilas de materiales? Yo veo todo eso como un montaje falso”, afirmó.

Sus palabras más duras estuvieron dirigidas contra el relato público sobre los años de Otero en la cárcel. “Ya sincronizaron las mentiras”, expresó al referirse a las explicaciones sobre sus huelgas de hambre.

“Yo ya no creo nada de eso. Todo lo que hay alrededor es falsedad. Los textos que han publicado para defenderlo son puras justificaciones”, sentenció.

La desconfianza hacia Otero comenzó antes de la exhibición

El ataque de Maldonado se suma a un clima de sospecha que acompaña a Otero Alcántara desde su llegada a Miami, aunque no representa la opinión de toda la comunidad cubana.

WLRN informó que varios comentaristas conservadores de la diáspora cuestionaron si realmente había sufrido como preso político. Las dudas se alimentaron por su buen aspecto físico y por un video grabado antes de salir de Cuba, en el que aparecía bebiendo cerveza en presencia de oficiales de la Seguridad del Estado.

También hubo una polémica por el reloj que llevaba en la muñeca. Algunos usuarios afirmaron que costaba 4.000 dólares, mientras Otero dijo que era un regalo y se ofreció, en tono de broma, a subastarlo para ayudar a los presos políticos.

Posteriormente, Alexander Otaola cuestionó cómo pudo producir, almacenar y trasladar unas 4.000 obras dentro de una cárcel. El presentador también planteó, sin aportar pruebas, que algunas podían haber sido realizadas por otras personas.

Las sospechas conviven, sin embargo, con hechos ampliamente documentados. Otero fue detenido el 11 de julio de 2021 cuando intentaba sumarse a las protestas antigubernamentales y recibió una condena de cinco años. Amnistía Internacional lo reconoció como preso de conciencia. En 2024 recibió el Premio Rafto por su oposición al autoritarismo mediante el arte.

La desconfianza tampoco es unánime. El boxeador Yordenis Ugás y el opositor José Daniel Ferrer lo defendieron públicamente. Ugás consideró que el régimen evitó entregarlo visiblemente enfermo para sembrar dudas entre los exiliados.

Otros defensores sostienen que parte del rechazo nace de que Otero no siempre adopta el discurso político exigido por los sectores más duros de Miami.

El artista ya había respondido a las críticas generales antes de esta nueva acusación. Relató que realizó más de seis huelgas de hambre, permaneció varias veces en celdas de castigo y sufrió golpizas y una parálisis facial.

“Yo sí tengo la suficiente catadura moral para decir que sí estuve donde estuve, en las mazmorras de la dictadura. Y sí sufrí, de verdad”, declaró.

El nuevo choque lleva la controversia a un terreno más delicado: la autoría y procedencia de las obras. Mientras El Sexto exige explicaciones, las instituciones culturales las presentan como testimonios del encarcelamiento de Otero.

Sin una respuesta directa del artista ni evidencia independiente que confirme las sospechas, la disputa permanece abierta y amenaza con profundizar las divisiones dentro del exilio cubano en Miami.

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