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Empresa paga 200.000 dólares por comprar tu rostro y tu voz para un robot

Empresa paga 200.000 dólares por comprar tu rostro y tu voz para un robot
El contrato de ceder estos derechos es un tema delicado, ya que al hacerlo, una persona renuncia a un control total sobre su rostro y su voz. (Imagen de referencia © Periódico Cubano – Grok)

Una compañía de robótica está ofreciendo 200.000 dólares a la persona que acepte vender los derechos de su rostro y voz para ser utilizados en el desarrollo de robots humanoides. Esta propuesta se ha hecho viral, lo que ha levantado debates sobre los límites de la identidad personal y el futuro de la tecnología.

La empresa detrás de esta oferta, Promobot, es conocida por su producción de robots hiperrealistas. En 2019, lanzó el Android Robo-C, un robot hecho a medida que puede ser modelado para parecerse a cualquier persona. La idea es que las personas puedan pedir un robot con la apariencia de quien deseen, ya sea para uso profesional o personal.

Aleksei Iuzhakov, presidente de la Junta Directiva de Promobot, afirmó en ese entonces que “todos podrán pedir un robot con cualquier apariencia”. Esta nueva propuesta de vender la identidad de manera perpetua, sin embargo, plantea interrogantes sobre el control que se tiene sobre los derechos personales una vez cedidos.

El concepto de vender la identidad personal para el desarrollo de tecnología avanzada no es algo nuevo, pero la oferta monetaria de $200.000 ha hecho que esta práctica gane más atención. Sin embargo, varios expertos en inteligencia artificial y ética se han pronunciado en contra de la venta perpetua de la identidad.

Según Gabriela Morales, experta en IA, “la identidad es un activo, y las redes sociales han sido pioneras en convertirla en una mercancía”. Morales subraya que, si bien las personas son libres de vender su imagen, hacerlo de manera perpetua plantea riesgos considerables.

Para muchos, el contrato de ceder estos derechos es un tema delicado, ya que al hacerlo, una persona renuncia a un control total sobre su rostro y su voz, lo que podría llevar a situaciones incómodas si, por ejemplo, el robot actúa de manera que no refleja la personalidad o las creencias de la persona original.

En un escenario que parece sacado de una película de ciencia ficción, algunos creen que este tipo de contratos podría abrir la puerta a un futuro en el que los robots humanoides se conviertan en una extensión de las personas, reemplazando sus trabajos, su presencia o incluso su vida. La preocupación radica en que los avances en robótica e inteligencia artificial están sucediendo a un ritmo más rápido que las leyes que regulan su uso.

Fabián Medrano, influencer y defensor de la tecnología, afirma que la oferta de $200.000 podría ser una oportunidad de negocio, pero reconoce que el problema es que “no sabes qué podría suceder con tu imagen en 10, 15 o 20 años”.

A pesar de las posibles ventajas financieras, la falta de regulación es uno de los mayores peligros. Las leyes no han avanzado al mismo ritmo que la tecnología, lo que deja espacio para posibles abusos.

Aunque las ofertas de dinero son tentadoras, hay una creciente necesidad de establecer regulaciones claras sobre el uso de la identidad en la inteligencia artificial. Sandra Hoyos, abogada experta en derechos digitales, subraya que ceder nuestra imagen y voz a perpetuidad puede tener consecuencias desconocidas. “Una vez que has dado tu consentimiento, no tienes control sobre el uso que se le dará”, advierte Hoyos.

Este dilema no solo involucra a las grandes figuras públicas, como actores o influencers, sino que también afecta a personas de bajos recursos que podrían verse tentadas por la oferta económica, sin entender plenamente los riesgos a largo plazo.

La tecnología avanza rápidamente y con ella surgen nuevas oportunidades y dilemas. En un futuro cercano, robots con rostros y voces humanas podrían estar caminando entre nosotros, haciendo trabajos que hoy realizan las personas.

¿Estaremos dispuestos a vender nuestra identidad a cambio de dinero, o deberíamos poner límites más claros a lo que es “nuestro”? Solo el tiempo dirá cómo evolucionará esta controvertida práctica.

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