
El periodista oficialista Jesús Álvarez López, de la emisora radial CMHW, alertó sobre el persistente desorden en los precios de productos agrícolas en mercados de Villa Clara.
Su recorrido evidenció cómo los precios continúan altos y dispares en un contexto de escasez, afectando a consumidores y productores por igual. La crítica apunta a la falta de control estatal y la ausencia de mecanismos efectivos para regular y fiscalizar el comercio agrícola en la Isla.
Álvarez López destacó que, pese a la llamada “Nueva política de comercialización de productos agrícolas”, el bache productivo iniciado en mayo no se ha superado. La cebolla mantiene un precio elevado y estable, mientras las viandas escasean.
En un mercado estatal visitado, el periodista compró una yuca que no se ablandó, contradiciendo la promesa del vendedor. En otro caso, un hombre mayor solamente contaba con 30 pesos para adquirir una libra de yuca para su almuerzo, ilustrando la situación de muchas familias cubanas.
El periodista denunció además la disparidad de precios del tomate, uno de los productos más afectados. A la misma hora, entre las 9 y 10 de la mañana, encontró precios que iban desde 50 pesos la libra en un joven vendedor particular, hasta 120 pesos en mercados arrendados, pasando por 100 pesos en un mercado estatal.
La variabilidad, sin justificación aparente en calidad o procedencia, genera incertidumbre y desconfianza. A su vez, el boniato se vendía a 100 pesos por libra en el mismo punto, violando el precio tope oficial.
El desorden y la especulación, subraya Álvarez López, perjudican tanto al consumidor como al Estado. Para los productores, es imposible planificar si no saben cuánto se les pagará; para el consumidor, el acceso a alimentos básicos se vuelve cada vez más difícil.
Según el periodista, la desregulación beneficia a quienes “pescan en río revuelto” y distorsiona el control fiscal, al no reflejarse la realidad en las ventas registradas oficialmente. La ausencia de una figura clara a quien reclamar agrava la situación.
El periodista recordó que antes de la reforma de comercialización, Acopio ejercía un rol rector, y aunque se presentaban violaciones de precios, existía un canal para quejas. Actualmente, con el modelo mixto y la presencia de mercados estatales, privados y arrendados, el control es débil y disperso. Esto ha convertido el mercado agrícola en un terreno propicio para abusos, con la complacencia o inacción de las autoridades responsables.
En los comentarios a su publicación, lectores y seguidores coinciden en la gravedad del problema y en la necesidad de frenar el “desenfreno” de precios. Algunos atribuyen la escasez y los altos precios a la falta de lluvias y la insuficiente infraestructura para el riego.
Otros reclaman que la solución requiere acciones firmes y control estricto, con sanciones a los especuladores que no respetan los precios tope. Se cuestiona la eficacia de las autoridades y la política económica vigente.

Varios usuarios destacan que el impacto mayor lo sufren los sectores más vulnerables: jubilados, trabajadores con bajos salarios y familias humildes. Muchos manifiestan frustración por la ausencia de medidas concretas y la falta de voluntad política para corregir la situación. Además, el desorden en los precios contribuye a un ambiente de descontento social que erosiona la confianza en el sistema.
Jesús Álvarez López sostiene que el silencio oficial sobre este tema sensible reduce la autoridad del Estado y mina la base social necesaria para enfrentar las crisis. Insiste en que quienes defienden el actual libertinaje de precios deben argumentar con claridad para convencer a la población, porque la realidad que vive el cubano de a pie es de creciente dificultad y desigualdad.
En tal sentido, el fiel comunista reclame que el Estado ejerza más control para “garantizar la transparencia en la comercialización”. El pueblo está solo y un día podría rebelarse contra el opresor.

