
Lo que fueron las paredes, columnas y suelos del Instituto Superior de Diseño de La Habana (ISDi) es hoy un yacimiento informal de materiales de construcción. Días después de concluida la demolición del inmueble, ubicado en pleno Centro Habana, decenas de personas comenzaron a saquear los escombros en busca de cabillas, piedras y arena.
La zona que durante años ocupó el edificio del ISDi, delimitada por las calles Belascoaín, Enrique Barnet, Maloja y San Carlos, en Centro Habana, es hoy irreconocible. Donde antes había aulas y pasillos, ahora se acumula una masa de cascotes, polvo y hierro retorcido que las excavadoras dejaron atrás.
El ISDi: saqueo a plena luz del día
El abandono del sitio no duró casi nada. En cuestión de días, un grupo numeroso de personas (se habla de una decena, aunque el flujo varía) tomó posición sobre los restos. Suben y bajan por la montaña de escombros con sacos viejos, botes reciclados y carretillas rústicas, seleccionando piezas de valor: cabillas corrugadas, bloques de piedra, arena aprovechable.
El material recolectado se apila en los bordes de la acera o se traslada a destinos que, según observadores locales y reporteros independientes, apuntan al mercado informal de materiales de construcción, uno de los más activos de la isla ante la aguda crisis del sector.
Tiendas de campaña y “llegaypon”
Entre los detalles que más llamaron la atención está la instalación de una tienda de campaña en lo alto del montículo de escombros, levantada al poco tiempo de retirarse la maquinaria.
La presencia de esa estructura provisional, cuyo propósito inicial generó especulación entre los transeúntes, fue documentada por el creador de contenido Eduardo Ceballos Pérez, más conocido por su programa satírico en redes sociales Despingovery Channel.
Uno de los ocupantes de la carpa, que se identificó ante la cámara como Raúl, admitió haber participado en los propios trabajos de demolición del edificio.
Ceballos Pérez registró la escena con su característico humor ácido, parodiando el estilo de los documentales de naturaleza para retratar lo que calificó como una “despingosis infraestructural”. En su video, presentó a los extractores de materiales como “mineros” y al lugar como una mina activa en medio de la ciudad.
¿Qué hace el Estado con los escombros?
La pieza circuló ampliamente en redes sociales y encendió el debate sobre el estado del patrimonio edificado habanero y la ausencia de control estatal sobre los solares demolidos.
El narrador del Despingovery Channel no escatimó en ironía al describir la escena: “Sobre el cadáver humeante del Instituto de Diseño rondan los carroñeros destructurales que reciclarán las piedras en futuros lleguipones”, dijo, deformando el término popular para los asentamientos informales en las periferias cubanas.
Y remató: “Es muy llamativa la depredación que encontramos en múltiples tribus, las tribus roba-roba y fachatón”.
Lo ocurrido en el ISDi no es un caso aislado. Refleja una dinámica que se repite en distintos puntos de La Habana: edificios que caen, ya sea por derrumbe espontáneo o por demolición planificada, y cuyos restos, en lugar de ser gestionados por las autoridades, terminan siendo aprovechados por ciudadanos que buscan soluciones ante la escasez de materiales.
La pregunta que queda flotando es si alguien, en alguna instancia oficial, tomará nota de lo que está ocurriendo en esa manzana de Centro Habana, o si los escombros del ISDi simplemente desaparecerán, piedra a piedra, sin que nadie rinda cuentas.