
Los viajes y envíos a Cuba por parte de exiliados cubanos en Estados Unidos han disminuido en las últimas semanas, en medio del endurecimiento de las políticas migratorias bajo la segunda administración de Donald Trump.
La deportación masiva de inmigrantes ha generado temor entre los cubanos, incluso en aquellos con un estatus migratorio más estable o en proceso de regularización, quienes evitan salir del país por el riesgo de no poder regresar.
De acuerdo con reportes de El País, comercios en zonas con alta población cubana, como Hialeah, en Florida, han registrado una caída en ventas vinculadas a viajes y envíos a la isla. Trabajadores de estos negocios señalan que muchos clientes han optado por posponer sus planes ante la incertidumbre.
“La gente no está viajando a Cuba porque tiene miedo… de que se queden varados”, explicó una empleada de una tienda especializada en productos para enviar a la isla.
Al recrudecimiento de las políticas migratorias en EEUU se suma la crisis de combustible. Mientras, hace unos meses, Rusia tuvo que enviar su propio avión para rescatar a sus ciudadanos turistas varados, los migrantes no confían en que el gobierno estadounidense tomaría la misma medida con ellos llegando el caso.
Asimismo, la detención de miles de cubanos en centros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y sus deportaciones hacia Cuba o terceros países han incrementado las precauciones que podrían tomar respecto a su relación con Cuba.
En varios casos, los afectados no tenían antecedentes penales o se encontraban en procesos legales para regularizar su estatus, lo que no impidió que fueran enviados fuera del país.
Abogados de inmigración han advertido que viajar a Cuba puede representar un riesgo significativo, en particular para quienes solicitaron asilo o alegaron “miedo creíble” para permanecer en EEUU.
Salir del país y regresar al lugar del que afirmaron huir puede debilitar sus casos o derivar en la revocación de permisos. “¿Y si cuando regrese no me dejan entrar?”, cuestionó una migrante cubana que decidió cancelar su viaje pese a tener familiares en la isla.
Exilio cubano reduce envíos en plena crisis
Esta situación ha provocado también cambios en la dinámica de apoyo económico y material hacia Cuba. Aunque los viajes han disminuido, algunos envíos continúan, pero con mayores costos y dificultades logísticas.
En ciertos casos, los migrantes optan por enviar paquetes por vía marítima o aérea, aun cuando los tiempos de entrega y los precios se han incrementado.
Las cifras reflejan esta tendencia. La llegada de viajeros desde EEUU a Cuba cayó cerca de 54% en lo que va de 2026, según datos oficiales cubanos, en medio de una crisis más amplia del turismo.
Agencias de viaje en Miami reportan además una disminución en la venta de boletos aéreos, atribuida al temor de cancelaciones repentinas o nuevas restricciones.
A la par, autoridades locales en Florida han reforzado controles sobre negocios vinculados con envíos a la isla, en línea con la política de presión económica promovida por Washington.
Algunas empresas han enfrentado revisiones o sanciones relacionadas con permisos para operar con Cuba, lo que ha añadido incertidumbre al sector.
Pese a este panorama, el envío de ayuda no se ha detenido por completo. Muchos exiliados continúan buscando formas de apoyar a sus familias, en medio de la aguda escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos en la isla.
Testimonios recogidos por el citado medio señalan que, ante las dificultades en hospitales, las interrupciones eléctricas frecuentes y la falta de insumos esenciales, la comunidad cubana en el exterior enfrenta una disyuntiva: reducir su vínculo directo con la isla por razones migratorias o mantener el apoyo a sus familiares pese a los riesgos.
“Tengo que enviarle leche en polvo a mi mamá… sé que le estoy metiendo unos dólares al régimen, pero no tengo más remedio”, expresó un entrevistado.
El endurecimiento migratorio, sumado a la crisis económica en Cuba, ha configurado así un escenario en el que viajar o enviar apoyo implica cada vez más riesgos, costos y decisiones difíciles para miles de familias separadas entre ambos países.