
La tarde del viernes 8 de agosto, una mujer de 42 años perdió la vida tras recibir una descarga eléctrica provocada por un rayo mientras realizaba labores agrícolas en el municipio de Colón, en la provincia de Matanzas.
El trágico suceso ocurrió cerca de la comunidad de La Luisa, como fue informado por el Centro de Gestión para la Reducción de Riesgos de Desastres (CGRRD) a través de sus redes sociales. La fuente lamentó profundamente la pérdida de una vida en este accidente natural.
Este caso se suma a una serie de tragedias relacionadas con tormentas eléctricas, ya que tan solo unos días antes, el domingo 3 de agosto, en el municipio de Manicaragua, Villa Clara, tres menores de edad murieron a consecuencia de una descarga eléctrica. Este tipo de accidentes pone en evidencia la peligrosidad de las tormentas eléctricas, que se han intensificado debido a las condiciones climáticas propias del verano.
El verano es la estación del año con mayor incidencia de rayos en Cuba, debido a las características meteorológicas que favorecen la formación de tormentas eléctricas. Las altas temperaturas producen corrientes ascendentes de aire cálido y húmedo que, al encontrarse con capas de aire frío, generan nubes de tormenta (cumulonimbos). En su interior, se lleva a cabo la fricción de partículas de hielo y agua, un proceso que provoca la separación de cargas eléctricas y la formación de rayos.
En estos eventos, la diferencia de potencial eléctrico generada entre las nubes y la tierra puede producir descargas con enormes niveles de energía. Un rayo típico puede descargar entre 1.000 y 10.000 millones de julios de energía y alcanzar temperaturas de hasta 20.000 ºC, mucho más altas que la superficie del Sol.
Un rayo es una descarga eléctrica extremadamente poderosa que puede generar corrientes de hasta 200.000 amperios y un voltaje de hasta 100 millones de voltios. Esta enorme energía se libera en una fracción de segundo, causando temperaturas tan altas que pueden provocar incendios y dañar estructuras y personas en su camino. A nivel global, se registran cerca de 4 millones de rayos diarios, lo que equivale a aproximadamente 44 rayos por segundo.
Es crucial seguir una serie de precauciones durante una tormenta eléctrica para minimizar los riesgos asociados con los rayos. Entre las recomendaciones más importantes se encuentran buscar refugio inmediato en un lugar cerrado y seguro, evitar estar en contacto con agua, y mantenerse alejado de objetos altos como árboles y postes que puedan atraer rayos.
Además, durante una tormenta, no se deben utilizar dispositivos electrónicos conectados a la corriente eléctrica ni teléfonos fijos, y se debe evitar el contacto con partes metálicas si se está en un vehículo cerrado. Las viviendas deben estar equipadas con sistemas de protección como pararrayos y sistemas de puesta a tierra para reducir los daños causados por los rayos.

