
La muerte de Zoila Chávez Pérez, madre del escritor e intelectual cubano José Gabriel Barrenechea Chávez, ha generado una ola de indignación entre activistas y figuras del ámbito cultural. La mujer, de 84 años, falleció en Cuba sin poder reencontrarse con su hijo, detenido desde noviembre de 2024 por participar en protestas contra los apagones en la localidad de Encrucijada, provincia de Villa Clara.
Chávez Pérez, que en los últimos meses había perdido el habla y mostraba señales de salud muy delicadas, se volvió un símbolo de resistencia cuando un video suyo implorando ver a su hijo se difundió ampliamente en redes sociales. A pesar del pedido de organizaciones y personalidades, el régimen no accedió a que ambos se vieran por última vez.
La activista Yamilka Lafita, conocida como Lara Crofs, lamentó el fallecimiento y condenó la actuación de las autoridades: “Zoila ha muerto sin abrazar a su hijo. Este es otro ejemplo de la crueldad del régimen. Ni perdón ni olvido. Que la tierra le sea leve”.
Por su parte, la historiadora Alina Bárbara López Hernández también cuestionó la actuación del gobierno. “No nos permiten siquiera decir ‘descanse en paz’. Esta muerte, con tanto dolor sin despedida, debe reafirmar la necesidad de transformar un sistema que permite tales actos”, expresó en redes sociales.
Desde el exilio en Ciudad de México, la investigadora Hilda Landrove también se pronunció: “Murió sin un último abrazo. Y este no es un hecho aislado. Es una cadena de abusos que se repite una y otra vez. Nos arrebatan incluso la despedida, y todavía hablan de humanismo”.
La filóloga Yania Suárez subrayó el dolor de esta pérdida. “Zoila no pudo ver a su hijo. Ese sufrimiento debe pesar sobre quienes mantienen esta represión. Es el reflejo de un país sin justicia ni compasión”.
José Gabriel Barrenechea permanece en prisión preventiva desde hace casi seis meses, acusado de “desorden público” por su participación en manifestaciones pacíficas. Su caso, como muchos otros, permanece sin juicio ni resolución.
En un mensaje enviado desde la prisión La Pendiente, el escritor expuso su visión sobre la situación política: “Un sistema que no permite la protesta pacífica y no ofrece vías efectivas para canalizar las demandas ciudadanas, no puede ser justo ni legítimo. Mucho menos fuerte”.
A pesar de haber abogado por una evolución pacífica del sistema cubano, Barrenechea reconoció que el encarcelamiento ha fracturado su esperanza de transformación sin confrontación. “Tras tantos meses encerrado, sin otra expectativa que seguir tras las rejas por ejercer mi derecho a expresarme, no puedo sentir respeto por unas instituciones que me han condenado sin razón”.
En abril, su madre había compartido un mensaje conmovedor. “Le pido a Dios que me deje amanecer, porque lo único que quiero es ver entrar a mi hijo por esa puerta”, dijo en un video que conmovió a muchos dentro y fuera de la Isla.
La petición de liberar a Barrenechea y proteger a su madre fue ignorada por el gobierno. La despedida que ella tanto esperó nunca ocurrió.