
El periodista Juan Manuel Cao y el activista José Daniel Ferrer, líder de la UNPACU, debatieron sobre la estrategia de Estados Unidos en Venezuela luego de la extracción del dictador Nicolás Maduro, quien ahora enfrenta la justicia estadounidense por cargos de narcotráfico.
El punto central del abordaje es si funciona la estrategia de usar a la propia dictadura para negociar una transición hacia la democracia. Esta discusión es crucial, ya que plantea si los regímenes autoritarios pueden ser actores válidos en una transición democrática o si, por el contrario, se aferrarán al poder hasta las últimas consecuencias a través de manipulaciones en el proceso de negociaciones.
En Venezuela se extrajo al dictador, pero toda la cúpula chavista quedó intacta. Ahora la vicepresidenta Delcy Rodríguez, tan ilegítima como el propio Maduro tras robarse las elecciones de julio de 2024, asumió el poder.
Cao explica que la mayoría de las señales apuntan a que estas acciones no están debilitando el régimen, sino reforzándolo. El restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de la embajada venezolana en Washington, lejos de ser un paso hacia la democratización, han sido interpretados como una legitimación de la dictadura chavista.
Además, la liberación de algunos presos políticos ha sido limitada, con solo nueve liberaciones confirmadas, lo que genera escepticismo respecto a la efectividad de estas medidas.
Ferrer, aunque más optimista, también tiene sus reservas. Ve la estrategia de Trump como un intento de avanzar en un proceso de tres fases: estabilización, recuperación con reconciliación y, finalmente, transición a la democracia.
No obstante, el opositor santiaguero destaca que los regímenes comunistas, como el de Maduro, han mostrado una profunda resistencia a ceder el poder. La transición en Venezuela, y por ende en Cuba, no será sencilla, ya que los regímenes no se derrumban por voluntad propia, sino que tienden a aferrarse al poder utilizando todas las herramientas a su alcance, incluso tácticas de engaño y dilación.
En la conversación, Ferrer también reflexiona sobre las implicaciones de que los mismos dictadores, como Delcy Rodríguez, inicien la transición. Se pregunta si en Cuba se confiaría en figuras cercanas al régimen, como Ramiro Valdés, para liderar un proceso democrático. La historia del comunismo muestra que estos regímenes no se disuelven fácilmente; al contrario, se mantienen en el poder, protegiendo sus estructuras y sus intereses.
El activista reconoce que algunos analistas critican la estrategia de Trump, pues consideran que negociar con actores del régimen puede llevar a un desgaste de la oposición. Esto podría excluir a figuras clave de la oposición, como María Corina Machado, quien ha sido ignorada en algunas negociaciones. Además, el riesgo de que la dictadura se consolide y continúe gobernando en lugar de ser desmantelada es alto.
Otro tema relevante es la dimensión económica de la estrategia, especialmente en relación con el petróleo. El acuerdo que permite que grandes compañías petroleras operen en Venezuela podría beneficiar al régimen de Maduro, otorgándole acceso al mercado estadounidense. Esto ha llevado a algunos a cuestionar si el interés económico está prevaleciendo sobre el objetivo de promover un cambio político genuino.
Ferrer y Cao coinciden en que, aunque la estrategia actual es incierta, la presión internacional debe mantenerse firme. La transición hacia la democracia en Venezuela y en Cuba no puede depender de las promesas vacías de un régimen que ha demostrado que no tiene intenciones de ceder el poder. Para que el proceso sea exitoso, debe basarse en acciones concretas y no en acuerdos que solo beneficien a los dictadores.