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Gobierno cubano acusa a Alejandro Gil de ser un espía para la CIA

Circula ficha judicial del exministro de economía Alejandro Gil Fernández
Gil Fernández está detenido en la prisión de Guanajay, ubicada en la provincia de Artemisa. (Captura de pantalla © Canal Caribe – YouTube)

El gobierno cubano no ha emitido una comunicación oficial sobre un eventual fallo relacionado con el juicio por espionaje al que fue sometido el exministro de Economía y exviceprimer ministro de Cuba, Alejandro Gil Fernández.

Mientras tanto, el exfuncionario se encuentra recluido en una de las cárceles más duras del país a la espera de posibles sanciones, que podrían ir desde 30 años de prisión hasta la pena de muerte.

Ante el completo hermetismo del Tribunal Supremo Popular (TSP), la hermana de Gil, María Victoria “Vicky” Gil, ha decidido romper el silencio. En una entrevista con Martí Noticias, Vicky reveló por primera vez detalles sobre las acusaciones que pesan sobre su hermano.

Según la información que ella recibió de una fuente “muy fidedigna” vinculada al caso, la acusación formal contra Alejandro Gil es espionaje a favor de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés).

Esta agencia tiene como función principal recolectar, analizar y diseminar inteligencia extranjera para apoyar la toma de decisiones gubernamentales relacionadas con la seguridad nacional.

Su misión incluye la supervisión de actividades de espionaje, la recopilación de información secreta y la realización de operaciones encubiertas para proteger los intereses de EEUU en el ámbito internacional.

“Mi hermano no creo que haya sido capaz de convertirse en espía de ningún país, y mucho menos de la CIA”, dijo Vicky Gil, además de reiterar de encontrarse sorprendida por esta situación.

Desde el inicio de la investigación, Alejandro Gil negó rotundamente los cargos en su contra, asegurando que no tuvo ninguna relación con espionaje para la agencia estadounidense.

La defensa del exministro, dirigida por el abogado Abel Solá López, conocido por su experiencia en casos relacionados con la seguridad del Estado, rebatió “punto por punto” las acusaciones.

Vicky Gil teme que el destino de su hermano ya esté sellado. “De la cadena perpetua no se va a librar. Esa sentencia está predeterminada”, expresó con certeza, apoyada en su experiencia como jurista.

Para la hermana, el caso no puede entenderse sin considerar la influencia de la seguridad del Estado, que ha jugado un papel crucial en el proceso de espionaje.

Asegura que los expedientes de espionaje en Cuba no son instruidos por la Fiscalía General de la República, sino directamente por la policía política, y se hacen de manera encriptada, lo que hace extremadamente difícil verificar si los hechos son reales o si se trata de una fabricación política.

En su opinión, la acusación de espionaje es una maniobra para crear una causa fuerte contra su hermano, quien, además de ser señalado por corrupción y delitos económicos, había sido un alto funcionario que conocía los secretos más íntimos del poder cubano.

La caída de Alejandro Gil comenzó el 1 de febrero de 2024, cuando el primer ministro Manuel Marrero Cruz le comunicó que sería destituido de su cargo por su desempeño en el Ministerio de Economía y Planificación.

Al día siguiente, la noticia fue anunciada en la televisión cubana, pero Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, usó sus redes sociales para felicitar públicamente al exministro. Sin embargo, la situación dio un giro el 24 de febrero, cuando Gil fue citado a la oficina de Marrero y, en su lugar, encontró a dos oficiales de la seguridad del Estado.

En ese momento se le informó que estaba bajo investigación y sería recluido junto a su esposa, Gina María González García, en una casa operativa del Ministerio del Interior.

Durante cuatro meses, Gil y su esposa fueron recluidos en una de estas viviendas utilizadas por la seguridad del Estado, antes de que él fuera trasladado a la prisión de Guanajay, de máxima seguridad. Desde su encarcelamiento, la familia solo ha podido visitarlo bajo estrictas condiciones de vigilancia, con encuentros que no superan los 15 minutos cada 15 días.

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